martes, 2 de agosto de 2011

El retorno de Inkarri

Víctor Mondragón


Un sábado, en una  tibia mañana de octubre Giancarlo atendía sus deberes escolares  en su hogar, hizo un alto y se acercó a la cocina
-¿Qué comeremos hoy? -preguntó el adolescente.
-Hoy comeremos locro de zapallo -contesto su madre.
-¿Otra vez lo mismo? -replicó Giancarlo.
-Cuando tenía tu edad comíamos con gusto este plato, deberías estar orgulloso de comer una comida legada por  nuestros antepasados, voy a  contarte una leyenda  muy repetida hace años,  hoy casi olvidada -contestó Rafael, su padre que estaba limpiando la casa; dejó a un lado su fregona, caminó hacia su biblioteca, escogió unos libros  y se sentó junto a su hijo:
-Erase los primeros días de octubre de mil novecientos sesentainueve cuando  mi profesor de historia me contó la profecía  de que el Tahuantinsuyo volvería a ser grande, esos días íbamos a celebrar el día de la Dignidad Nacional, festividad hoy casi olvidada.
Tras la captura de Atahualpa (1) había   negociaciones, especulaciones y alianzas entre los caciques del Tahuantinsuyo y los peninsulares;  los  conquistadores eran conscientes del enorme poder que el gobernante inca tenía sobre aquellos reinos; los europeos no  decidían entre enviar al Inca a España, mantenerlo prisionero o matarlo a la brevedad –dijo el padre.
-Pronto iré a España para llevar el quinto real a nuestro rey -había dicho Hernando Pizarro.
-No te vayas capitán, tus compañeros me quieren matar; ese tuerto (2) y aquel gordo convencerán a tu hermano para que me mate. No me abandones capitán –contestó Atahualpa quien en pocos meses había aprendido a hablar el idioma castellano.
-Quédate tranquilo, no partiré sin una promesa de que mi hermano respetará tu vida -replicó Hernando Pizarro.
Atahualpa desconfiaba  pues antes de su captura,  en el oráculo de Catequil le habían predicho  que moriría, en un principio  no comprendió como podría morir si acababa de vencer a su hermano Huáscar (3); tras su  triunfo, embriagado de soberbia,  ira y descontrol, había marchado presuroso a Catelquil y mandado matar a los sacerdotes que le hicieron tan   mal augurio -añadió el padre. 
Atahualpa queriendo eludir su destino buscaba  un pacto con los españoles, la leyenda repetía desde generaciones  que en una época de caos  del Tahuantinsuyo (4)  llegarían Viracochas (5) para restablecer la paz y el orden.
El Inca era consciente de que los europeos no eran enviados de los dioses y  que solo codiciaban riquezas; la conspiración para matarlo provenía del tesorero Riquelme, también de Almagro que negociaba con la nobleza del Cuzco la imposición de un legítimo inca y  del sacerdote Valverde, todos atizados por cierto fanatismo religioso; éstos aprovecharon una especulación del indio intérprete Felipillo para convencer al gobernador Pizarro de que envíe a Hernando de Soto hacia Huamachuco, éste, partió seguro de conseguir la prueba de la inocencia del Inca y de que ningún ejército se estaría formando; con su alejamiento Atahualpa veía  su causa definitivamente perdida, pues aquel era otro de sus protectores y amigo –continuo narrando el padre.
Cierta noche los custodios del Inca se alarmaron al ver en el cielo un cometa muy grande, la noche se vio iluminada por una cola verde, Atahualpa pidió salir para verlo; el Inca cayó sumido en una gran depresión.
-¿Por qué estas triste? –preguntó uno de sus custodios.
-Poco antes que mi padre muera, en el cielo vimos una luz similar –contestó el Inca. 
-Juan de Herrada hizo una defensa solitaria del gobernante inca, no se cansaba en advertir que solo un emperador tenía jurisdicción para juzgar a un rey vencido; sin embargo la suerte estaba echada, los demás conquistadores presionaron sobre el gobernador Francisco Pizarro acusando al Inca de usurpador, idólatra, polígamo y de estar preparando una rebelión contra los españoles; el gobernador hasta el final  dudó de lo  aprobado y  pidió la firma expresa del clérigo Valverde, el mayor instigador, movido por una oscura espiritualidad.  Tras un juicio irrisoriamente breve, la condena fue de muerte en hoguera a menos que se convirtiera al cristianismo en cuyo caso la pena sería conmutada por muerte con ahorcamiento -añadió el padre.
Cuando la noticia le fue comunicada, el Inca  aceptó su inefable destino y pidió le permitieran reunirse con sus sacerdotes y laicas (6); la solicitud le fue concedida pese al reclamo del cura Valverde que veía  idolatría y ofensa a Dios en dichas reuniones.
Tras hacer el respectivo pago a los apus (7) y sacrificar una llama, un  sacerdote inca tuvo una  visión:
-He visto diez indios de diversos pueblos con los brazos extendidos y las manos abiertas; hombres, mujeres, niños,  ancianos, yacían hambrientos,  con ropas  raídas; diez veces el día se hizo noche y la noche día, echados sobre el suelo peleaban y desfallecían hasta que una remota luz cayó sobre ellos, alzaron sus cansados ojos y desde lo alto vieron descender  a cinco orejones (8) altos, fornidos con  rostros resplandecientes, llevaban comida entre sus manos.  El primero, un plato de ajiaco (9), el segundo, un plato con pepián de choclo (10), el tercero llevaba charquicán (11)  el cuarto,  locro de zapallo (12) y el último olluquitos con charqui;  los diez desfallecientes comieron, se levantaron, unieron sus manos  y sus rostros resplandecieron bajo el calor del sol y  un cielo despejado.
El gobernador inca exigió la inmediata explicación de la visión,  los laicas concluyeron que el Inca moriría indefectiblemente, pero se regeneraría y volvería a nacer; le recordaron que su alma no podría regresar hacia el sol si su cuerpo fuera quemado en fuego terrestre, por lo tanto le sugirieron que se dejara bautizar para que le conmuten la pena –añadió el narrador.
En la cosmovisión andina el tiempo no se concebía bajo un esquema lineal, sino más bien como ciclos repetitivos donde el pasado, presente y futuro se entremezclan sin el necesario cumplimiento de una secuencia ordenada  -comentó el padre.
Inútil fue el reclamo de Atahualpa hacia Pizarro, pues él había cumplido con  entregar los cuartos llenos de oro y plata para su rescate,  acusó a sus captores de no saber honrar su palabra y que su pueblo sólo había tenido cuidados y afectos hacia ellos; recordó la profecía de los diez indios que peleaban entre ellos y les profetizó que antes de diez años sus juzgadores también morirían; mientras afuera,  los ejecutores  no solo encendían   una pira, encendían un laberinto de fuego en la historia. 
-Quiero que seas mi padrino –dijo el Inca mirando los ojos de Francisco Pizarro; el conquistador asintió y  aquel remordimiento marcó un cargo de conciencia tan grande que el valiente español derramó lágrimas al salir del improvisado tribunal.
Un atardecer de julio de mil quinientos treinta tres, crueles conquistadores, antigua especie convencida de que matando se ganaba el paraíso, ejecutaba la cruel sentencia. Con el temor  aplacado, Atahualpa dejó escuchar su reposada respiración, abjuró de sus idolatrías y se sometió al catolicismo; los dominicos iniciaron el rezo de salmos mientras el fraile Valverde vertía agua sobre la cabeza del bautizado, el sentenciado exhalo un hondo suspiro de resignación, la tarde había dado paso a la penumbra, unas cuantas antorchas brillaban en el fatídico escenario mientras los ejecutores cumplían la injusta orden;  inmóvil, con los ojos inertes el Inca dejó de percibir el silencio de aquella noche.
La  luna  fue cubierta por oscuras nubes,   el ambiente enfrió y el rumor atareado de una fuerte lluvia obligó a todos a  refugiarse, el cielo lloraba; en aquella  oscuridad insondable se desmoronaba una de las más sabias y justas culturas que la humanidad  ha conocido, los incas en poco más de cien años habían establecido un gran sistema social y económico que quedó trunco –continuo narrando el padre de Giancarlo. 
Mucho impresionó a los conquistadores la serenidad de Atahualpa frente a la  muerte, no faltaron los especuladores que pensaron que el demonio le daba fuerzas; habían visto que los sacerdotes incas hablaban con las momias  y lo calificaron de hechicería; efectivamente, llegaron a pensar que la cabeza de Atahualpa podría  regenerarse; para evitarlo, los conquistadores tramaron que después de los funerales separarían  la cabeza del cuerpo y la enviarían a un lugar de España. 
Fue demasiado tarde cuando De Soto regresó de Huamachuco con la noticia de que todo era normal, no pudo contenerse e increpó al gobernador su  intención de alejarlo de Cajamarca, Pizarro a su vez culpó a Valverde y a Riquelme de haberle engañado mientras éstos se culpaban entre sí, los unió un común remordimiento de conciencia –continuo narrando el progenitor.
Tras la muerte de Atahualpa, los sacerdotes incas conservaron la fe y esperanza de que el Tahuantinsuyo volvería a ser grande, a pesar  que  sus miembros fueron repartidos en los cuatro suyos (14),  su cabeza se regeneraría bajo la tierra y se uniría a su cuerpo nuevamente.
Con la muerte de Atahualpa, el que todo lo perdió y el que todo lo tuvo, hubo cuatro incas que conservaron celosamente  la profecía que llamaron Inkarri, una contracción de Inca rey;  reunieron ejércitos para luchar contra los invasores,  resistieron en contienda desigual  por casi cuarenta años pues no sólo pelearon contra los europeos sino también contra la mayoría de reinos que buscaron su interés particular, incluida parte de la nobleza cuzqueña -dijo el padre.
En   mil quinientos setentaidos,  fue derrotado y ejecutado el último inca de la resistencia,  Túpac Amaru I, éste mantenía viva la promesa de que el Inkarri restablecería la grandeza del Tahuantinsuyo; fue conducido a la plaza del Cuzco donde miles de pobladores ensordecían el cielo con sus lamentos: ante el escarnio de sus captores, el Inca, más digno que humillado, miró a sus súbditos y  grito:
-Las cadenas de la resignación solamente ataran  sus manos, sus espíritus  los harán libres o esclavos -luego hizo una señal para que su pueblo guardara silencio y hasta el final se mantuvo orgulloso diciendo que no conversaría con el Virrey Toledo pues aquel era mayordomo de otro inca en alusión al rey europeo.  Finalmente,  fue conducido para ser ahorcado por un indio cañari (15), sobre una mula ante un silencio exasperado y una escenificación  espantosa, fue invadido por un vacío helado en sus entrañas; antes de morir  reclamó al hacedor del universo por el derramamiento de su sangre: “Ccollanan Pachacamac ricuy auccacunac yahuarniy hichascancuta”.
Los indios al ver morir a su Inca vieron desmoronarse la esperanza de la ansiada restauración,  su muerte significaba el final de la resistencia de los incas de Vilcabamba (16); la cabeza del Túpac fue colgada sobre una lanza y expuesta a los pobladores quienes empezaron a adorarla; cansado el Virrey ordenó esconderla pretendiendo quizás evitar el cumplimiento de la profecía que decía que aquel cuerpo fragmentado se reintegraría y volvería para redimir a su pueblo -dijo el padre de Giancarlo.
Casi doscientos años después, en el mismo lugar, José Gabriel Condorcanqui, más conocido como Túpac Amaru II, descendiente directo de la nobleza incaica, fue sentenciado a morir por descuartizamiento tras dirigir la más grande sublevación criolla, mestiza e indígena de Hispano América, el universo  conspiraba contra él,  Túpac Amaru fue obligado a presenciar  la ejecución de su familia así como de aliados y amigos; luego le cortaron la lengua, con cuatro caballos le quisieron romper,  se mantuvo silencioso, lo laceraron, lo deformaron,  todo aquello no hizo más que inspirarle una serena valentía. El pueblo que presenciaba lo acontecido recordaba la profecía de que lo matarían, pero que no moriría; finalmente sus captores optaron por decapitarlo y posteriormente despedazarlo; su cabeza fue colocada en una lanza exhibida en la plaza mayor del Cuzco y sus extremidades repartidas hacia los pueblos sublevados; había dejado el mundo mortal para pasar al mundo de la dignidad. 
Las autoridades cometieron un error al generar tal espectáculo pues solo sirvió para hacer recordar el mito de Inkarri, no consiguieron inspirar temor sino repulsión, el trauma de la ejecución de su soberano se redobló y repitió con mayores grados de crueldad y desesperanza; al igual que las cabezas de sus predecesores se desconoce el paradero que siguió la de Túpac Amaru II -continuo narrando el padre mientras en uno de sus  libros ubicaba una cita:
“Soy indio puro, legítimo. Los de mi pueblo también. Ustedes no, son extranjeros o cruzados.  Yo soy Reyes, familia de Inkarrey, Inkarri es hijo de la Madre Luna y del Padre Sol. Inkarri amarró al Sol para que el tiempo durara. También amarró al toro. Gran hombre, mandaba todo, hacía caminar las piedras. Europa lo llamó. Por eso construía un puente sobre el mar para llegar a España. Antes de terminarlo  lo mataron con armas, balas. Inkarri sólo tenía waraka. Le cortaron la cabeza y la mandaron a España. Su cuerpo quedó aquí. Dicen que en España su cabeza está viva, la barba le está creciendo, todos los meses lo afeitan. Ahora no hay Inkarri. Cuando murió llegó Jesucristo, poderoso del Cielo. El no tiene que ver nada con Inkarri que está en la tierra. Cristo está aparte, no se mete con nosotros. Tiene el mundo en la mano como una naranja. Cuando el mundo se voltee va a regresar Inkarri y va a andar, como en las épocas antiguas. Entonces todos los hombres, cristianos y gentiles, vamos a encontrarnos. Todo eso lo saben los cerros y las punas. Inkarri ha hablado con Sara-Sara, Solimana, Achantayhua. Estas montañas lo han visto. Son las más altas, por eso ven más lejos y lo saben todo” leyó el padre.
-Tras la muerte de Túpac Amaru II se sembró el desconcierto ante la profecía; los oprimidos y postergados habitantes solían escuchar de sus padres acerca de la grandeza del Tahuantinsuyo donde nadie moría de hambre, la justicia reinaba  y todos trabajaban y aquello se repitió por generaciones –comentó el padre.
-¿Y cuando se cumplirá esa profecía? –preguntó Giancarlo
-Cuando tenía tu edad me hacía la misma pregunta, tras  mi graduación   indagué en los Andes, unos pobladores me aconsejaron preguntarle al Apu Pariacaca (17), cierta vez, caminando por el Qhapag Ñan (18) me presentaron  a  un laica, me mostró  sus canas, sus fatigas, las grietas de sus años y me dijo:
- ¡Inkarri!, no invoco tu nombre en vano;  podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera, ingratos poderes lo ocultaron pero permanece latente; tras la muerte de Atahualpa, la cabeza de Inkarri fue recuperada por sacerdotes incas, está viva y  pronto se unirá a su cuerpo.
-¿Pronto? –inquirió el padre.
-No he perdido la cifra de los años que yacemos en la tiniebla, en la larga espera muchos han perdido la fuerza de sus anhelos, acudo a una región perdida de mis recuerdos; por fin en nuestros rostros se ve  al indio, al blanco,  negro,  chino, todas las sangres; pronto los descendientes de los vencedores y los vencidos nos hermanaremos en un solo pueblo, tu generación  verá el regreso de Inkarri -contestó el anciano.
-La mesa está servida –interrumpió la madre de Giancarlo.
-Me ha dado hambre, añade más locro a mi plato. Papá, no mes has contestado -dijo Giancarlo. Su padre replicó:
-El anciano me condujo por un amplia escalera de piedras de más de trescientos metros, veíamos cada vez más cerca el imponente nevado Pariacaca, al final de la cuesta alcanzamos un boquerón y tres grandes piedras que señalaban ese lugar;  el frio y el viento nos golpeaban, el laica desplegó sobre el suelo una hermosa manta roja, extrajo un paquete, bebió medio vaso de chicha de un color apacible,  extendió sus brazos y ofreció la bebida al gran nevado, luego escogió sus mejores hojas de coca y las chacchó (19),  quemó el paquete que contenía un feto de llama, coca, piedras y otras ofrendas, reverenció nuevamente a  los apus, pronunció extrañas palabras en quechua, el día aclaró y el viento amainó; finalmente  concluyó:
-Pronto nos sentaremos a comer  con todos los que no han comido, hace siglos que vivimos hablando en voz baja, consintiendo; el tiempo es un círculo y nada es que no haya sido y que no será; el devenir no rehace lo que perdemos, la eternidad lo guarda para regalarlo en el momento preciso;  Inkarri regresará   tras  quinientos años de la conquista, cuatro años antes una estrella iluminará el firmamento y tras ello  la grandeza de los pueblos andinos brillará nuevamente sobre la faz de la tierra.



(1)   Atahualpa: Último gobernador inca a la llegada de los españoles.
(2)   Diego de Almagro: Le solían decir tuerto pues quedó así tras una batalla con los indios de la isla de Puna.
(3)   Huáscar: Último inca legítimo antes de la llegada de los españoles.
(4)   Tahuantinsuyo: Denominación quechua a las cuatro regiones o puntos cardinales de la dominación incaica.
(5)   Viracocha: Mitología andina, hacedor del universo, civilizó los Andes y se despidió adentrándose al mar frente a  Manta. Contaba también la leyenda que llegarían a las costas del Tahuantinsuyo hombres blancos para restablecer la paz
(6)   Laica: adivino, agorero.
(7)   Apu: Señor, dignatario,  jefe de ejércitos, divinidad pre-inca,  inca. Algunos nevados eran considerados apus en la mitología andina
(8)   Orejón: Persona de la nobleza incaica
(9)   Ajiaco: Plato original de los Andes a base de patata y ajíes.
(10) Choclo: Maíz tierno.
(11) Charquicán: Plato original de los Andes a base de patata y carne seca salada
(12) Locro: Plato original de los Andes a base de calabaza, patata y hierbas aromáticas
(13) Charqui: Carne de auquénido seca y  salada.
(14) Suyo: Región cardinal del Tahuantinsuyo.
(15) Cañari: Se dice del individuo de un pueblo amerindio  de la familia yunga, en la región austral ecuatoriana, fue uno de los tantos pueblos que apoyaron a los españoles contra los Incas.
(16) Vilcabamba: incas de Vilcabamba cuatro monarcas sucesores de Atahualpa que se enfrentaron a  los conquistadores españoles y sus aliados andinos.
(17) Pariacaca: Nevado ubicado en la provincia de Huarochirí, en Lima – Perú, desde tiempos pre-incaicos fue adorado como apu o divinidad.
(18) Qhapag Ñan: red de caminos andinos pre incas e incas.
(19) Chacchar: chacchar, picchar o acullicar coca es masticar hojas secas con algún componente alcalino en la boca e ir formando un bolo para extraer de ellas las sustancias activas y estimulantes. Rito ancestral andino

1 comentario:

  1. Interesante novela ambientada históricamente. Muy buenas las referencias.

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