viernes, 3 de diciembre de 2010

El Cuarto

Mónica Rengifo

El cuarto está temperado. No siento frío, calor, malestar o incomodidad. En realidad, sí tengo un fastidio; pero nadie me entiende. Una mujer de bata blanca siempre viene a analizarme. Constantemente me repite que en estas cuatro paredes solamente estoy yo; sin embargo, nunca le he creído y no tengo planeado hacerlo. Me declararon esquizofrénica en agosto. Después de un mes, en septiembre, me trasladaron a estos edificios grises.  A pesar de que soy la única en esta habitación, estoy completamente segura que existe alguien más aquí conmigo. No soy tonta ni estúpida. Por el contrario, siempre he sido muy inteligente. Que haya algo que provoca pudor o temor en mí y que, a veces, actúe de manera rara debido a esta extraña presencia no significa que sea bruta. Infunden en mi ser una misantropía inexplicable, es más, las odio. Es irrisoria su actitud. Tienen tantos estudios, pero hasta hoy no han logrado deducir que en realidad yo no padezco de enfermedad alguna. Me tratan como un infante, como si no pudiera entender lo que desean comunicarme. Esto parece más una oficina de psicólogos que un manicomio, ya que todo el tiempo quieren conversar conmigo como si buscaran una solución a mi trastorno indagando en los pasillos de mi mente. Es tan contradictorio lo que hacen, pues se supone que la demencia que tengo no posee cura. No obstante, se controla con pastillas y sedantes, entonces ¿por qué siempre se olvidan de inyectarme los calmantes? Son unas usureras. Asimismo, su habilidad para estafar es asombrosa. Estando aquí me doy cuenta que no todo humano es bueno.
Cuando llega el ocaso me siento desvalida. El desasosiego me consume. Tengo la certeza que algo sobrenatural esta siguiéndome; mas no sé que necesita de mí. Me espanta durante la noche, no me deja dormir. Veo sombras por la ventana de la puerta, escucho pasos.  En las noches más calurosas de verano, una brisa helada me rodea y logra despertarme; inclusive, una voz dice mi nombre muy lentamente en mi oreja. Siento que algo me abraza, pero luego comienza a estrujarme tan fuerte que comienzo a gritar. Al principio, los guardias corrían hasta mi cuarto para saber si me encontraba bien; sin embargo, estos ataques fueron tan rutinarios que se limitaron a callarme, debido a que se aburrieron de escuchar mis pedidos de ayuda. Me agazapo bajo mis sábanas con la esperanza que sean mi escudo, mas comienzo a deplorarme cuando, a unos instantes de poder dormir tranquilamente, los súbitos ataques de este ser inician con su maldita tortura.  Por momentos trato de acostumbrarme, pero después me siento más débil. Algunas veces llego a creerme la tonta idea que de verdad tengo esquizofrenia. Me queda el vestigio que tengo familia fuera de aquí. Vienen a visitarme una vez al mes. Sin embargo, nunca me creen cuando les hablo de la maldad de las supuestas doctoras de este local. Todo es demasiado intricado, tanto es así que comienza a frustrarme.
Hace días he planeado mi furtivo escape. El problema es que no encuentro la bizarría para llevarlo a cabo. Aún falta perfeccionarlo, pues cada detalle es vital. Un paso en falso podría hacer que termine en algo peor que esto. Pero ya no lo puedo relegar más. Tengo dos días como máximo para largarme de aquí.
Un 5 de Noviembre del 2008 aparece en los periódicos una noticia perturbadora. Una muchacha llamada Roberta amaneció muerta en su cuarto en el manicomio Ehrmilio Valdisan. La hipótesis que tienen los policías que indagaron el lugar es que fue suicidio; no obstante, nadie sabe el porqué. Según los videos del lugar, después de que la doctora fue a revisar como había despertado la muchacha, se olvidó de llevarse unas inyecciones que se encontraban en la mesa de noche de la habitación. Pasados algunos minutos desde que la profesional salió del lugar, Roberta Karcovich, 17 años, comenzó a retorcerse sobre su cama. Los investigadores creen que fue una convulsión. Luego, ella se paró y miró hacia la cámara. Esas fueron las últimas imágenes, pues a los segundos de que los ojos de Roberta observaron el lente de la cámara, esta dejó de funcionar.

2 comentarios:

  1. Da escalofríos. No sé como haces para meterte así en la mente de una loca, el personaje te salió bien pero bien real. Me encantó

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  2. Muchas gracias (: Una manera de meterte en el personaje sobre el cual vas a escribir es investigando sobre lo que padece, le gusta, etc. Por ejemplo, si escribes sobre una loca, investigas un poco sobre la esquizofrenia y buscas testimonios para entender al que lo sufre.

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