miércoles, 25 de abril de 2012

El libro de mi padre



Julio Chang Lam


Mi afición a visitar bibliotecas y leer libros data de cuando era muy joven; muchas veces prefería dedicar mis vacaciones y tiempo libre, a visitar la Biblioteca Nacional de Lima, las bibliotecas municipales de Lince, de San Isidro, bibliotecas de algunos museos para  leer, leer y leer, en lugar de salir con los amigos del barrio de Santa Beatriz a jugar en el Parque de la Reserva, que tenía las más hermosas áreas verdes como espacios públicos de esparcimiento en la Lima de  la década de los cincuenta y sesenta o en lugar en ir con ellos a la playa “La Herradura” a tomar sol y conocer chicas. Claro que alternaba y sociabilizaba pero menos de lo que se espera de un adolescente, de un púber.

Mis propinas las destiné a visitar  librerías para  hurgar,  revisar, seleccionar, comprar  y coleccionar libros sobre diversos temas. Así, la lectura  se convirtió  en parte sustancial de mi vida, tanto que ahora en la madurez de mi vida, mi familia ya lo considera  una especie de adicción que dejó de ser un hobby. Mi biblioteca personal ocupa bastante espacio en mi casa; me resulta  casi imposible tener el tiempo suficiente para ordenar y leer todos los libros que poseo.

Esta predilección por los libros, nació durante mi niñez al observar  a mi padre, todos los sábados en la noche, cuando tenía en sus manos un antiguo libro, que yo era incapaz de entender, pues estaba escrito en idioma chino. Me sobrecogía e impresionaba la manera, el cuidado, la atención y el respeto que  ponía mi padre al tomar entre sus manos ese libro, para leerlo en las noches, cómodamente sentado en su viejo y predilecto sillón. Ese libro que lo veía leer con fruición, parecía exteriormente una biblia cristiana, pero era algo totalmente distinto. Eso lo sabría mucho después.

Recuerdo muy bien la noche que le pregunté -¿Qué  lees papá, cómo se llama,  qué dice ese libro?,  yo con mi curiosidad quería, necesitaba saber qué decía aquel extraño libro, que semana a semana, cada sábado en la noche, a la misma hora siempre,  mi padre leía con pasión. Luego al terminar, se dirigía a un pequeño altar, dónde estaban las estatuas de dos antiguas deidades chinas: Kwan Kun, que según mi padre, era un dios que nos brindaba su protección y prosperidad así como de Kuan Yin, diosa que escuchaba y atendía nuestros ruegos con  misericordia y  compasión brindándonos paz y sosiego. Junto a esas esculturas estaban las fotos de mis abuelos paternos. Luego de poner incienso, él oraba largo rato después de lo cual tiraba al aire tres monedas seis veces, escribía unos hexagramas en un cuaderno, luego anotaba su interpretación sobre las pautas recibidas de esos hexagramas; yo lo observaba, lo esperaba, al terminar me cogía de la mano y me decía:

 –Hijo, ya el “I Ching” me ha brindado sus sabios consejos, ya tengo claridad sobre algunas decisiones que tomar. Vamos a descansar, vamos a que le des las buenas noches a tu mamá, mientras ella paciente me esperaba para abrazarme, hacerme orar, despedirse y dejarme acostado en mi dormitorio.

 -¿Te interesa conocer qué libro es? –me dijo mi padre en otra oportunidad, la  noche, en que siendo niño, con mucha curiosidad me acerqué a él para ver  esos hexagramas chinos del libro “I Ching” que tenía en sus manos. Mi padre me abrazó afectuosamente entre sus brazos, me mostró ese enigmático libro, que con tanto cuidado llevaba en sus manos, que lo manipulaba como un objeto sagrado, como una reliquia.

-Sí, papá, ¿Cómo se llama ese libro que con tanto interés lees? ¿Qué dice?

-Hijo, lo que leo es el “Libro del cambio”, que muchos conocen como el “Libro de las mutaciones” o “Libro de las transformaciones”. En idioma chino lo llamamos el “I Ching”. Es uno de los libros de sabiduría más importantes, desde la antigüedad, en el mundo oriental. Es un libro sagrado como la Biblia o el Corán. Pero la diferencia es que a través de este libro, los dioses nos responden a las consultas que le hacemos…

- ¿Responden? ¿Cómo? No entiendo.  ¿Qué dioses responden? ¿No serán acaso demonios o espíritus malignos?, dije yo sorprendido y algo asustado.

- Bueno, ¿quiénes pueden ser?, respondió mi padre, -yo mismo no lo sé. Quizás, no sean dioses, sino nuestros  guías espirituales, nuestros ángeles de la guarda. Yo no creo, que sean espíritus malignos, pues sus consejos son siempre para bien de los consultantes y de todos quiénes estén involucrados. Nunca desean el mal a nadie.

-¡Ahh! ¿Pero sabes cómo responden esos guías o espíritus?

-Hijo -agregó mi padre- es algo misterioso, no puedo darte una respuesta, yo mismo no sé el mecanismo; por ahora debes entenderlo como un libro de conocimiento y sabiduría, escrito hace tres mil años en el que podemos interpretar consejos escritos en forma de  poemas y  versos. Olvídate de las consultas y respuestas. Cuando crezcas, ya entenderás.

-¿Y cómo lo conseguiste? ¿Lo trajiste desde la China?

- Lo he heredado de tus abuelos. Cuando seas mayor de edad, si aprendes el idioma chino, o si lo traducen al castellano, comenzarás a captar sus mensajes y quizás entenderlo. Confucio, alguna vez, dijo: si cincuenta años más de vida tuviera, los dedicaría a estudiar y a entender la sabiduría contenida en el “I Ching”. Este ejemplar, lo traje como una de mis pertenencias más valiosas cuando viajé de Shanghái a Lima, durante largos meses de travesía en aquel desvencijado barco, creo, si mal no recuerdo, en el año mil novecientos cuarentiocho.

-Ojalá papá, pudiera yo leerlo y  entenderlo. Me parece muy difícil aprender esas letras que parecen dibujos. Creo que esperaré a que lo publiquen en idioma castellano.

- Así es hijo. Lo que ves es caligrafía china, hexagramas con un significado cada uno. Es difícil pero no imposible aprenderlo. Considero que es una suerte que aún  conserve este libro; a la fecha no hay aún ninguna edición en lengua castellana,  sólo hay una publicación en alemán y otra en inglés, de Richard Wilhelm. Ya lo publicarán en castellano, es un libro muy interesante e importante. Así podrás leerlo.

Sería comienzos  de la década de los años sesenta, cuando se lo pregunté. A mi padre hace ya muchísimos años que se lo llevaron los dioses, a comienzos de la década de los años noventa. Su partida de este mundo fue muy triste  tanto para mamá como para mí, recuerdo el cariño y pesar cuando nos despedimos de él, esparciendo  sus cenizas, sus restos mortales en el mar de Pucusana,  adónde solíamos ir con la familia los fines de semana en cada verano. Así cumplimos su último deseo antes de morir, cuando nos dijo que quería volver al agua, uno de los elementos básicos según el “I Ching”. Ya no está con nosotros, pero si su libro que tanto quería y sobre todo los recuerdos añorados.

Recién ahora con mis estudios de historia, filosofía y teología  oriental comienzo a tomarle verdadero interés y a comprender algo de ese extraño libro llamado “I Ching”, cuyo original en chino lo he heredado de mi  padre,  lo guardo como un recuerdo preciado, en honor a él,  que tanta devoción le tenía. Actualmente, como hay muchas versiones publicadas de ese libro en idioma castellano, puedo leer y entender su sabiduría. Estas ediciones se basan en el original publicado en idioma chino, traducido por Richard Wilhelm, prestigioso sinólogo e investigador alemán que escribía, leía y hablaba en idioma chino mandarín, que estudió en China ese libro, asesorado por eruditos lingüistas de ese país.

El “I Ching” es una obra que ha merecido comentarios de Carl Jung, uno de los fundadores de la psicología moderna y de Jorge Luis Borges quién  le dedicó a esa primera edición, un hermoso poema. De ello deduzco, que efectivamente, no es cualquier libro.

Luego de leerlo, valoro mucha  de sus  ideas  como una fuente de conocimiento de lo que fue el pensamiento místico e intuitivo en  aquel entonces, origen de poemas inspirados en la naturaleza del ser humano y de su ambiente propios de una sociedad agrícola de la China de aquella  época en que la ciencia estaba en sus principios. Su esencia era el estudio del cambio en el medio ambiente y la cultura. Servía para orientar a las personas que lo consultaban con sus consejos en la toma de decisiones para supervivir en una época de mucha violencia y caos.

-Papá, ¿ese libro qué significa para ti? ¿Por  qué lo lees con tanto interés y concentración?

-Hijo, justamente por eso, por su utilidad como sabio consejero; tú eres curioso e inquieto, eso está muy  bien. La curiosidad es signo de inteligencia. Su nombre en chino, te dije, que  es «I Ching», es un antiquísimo libro de sabiduría, de poesía  pero aunque no lo creas, también de orientación para el cambio que  los antiguos chinos empleaban para adaptarse a las duras circunstancias de su época. Podemos utilizarlo como libro de oráculos para obtener consejos en situaciones difíciles de la vida. También podemos apreciarlo y utilizarlo «únicamente» por su sabiduría. Aunque los sacerdotes jesuitas que llegaron a China, quisieron extirparlo como libro de idolatrías porque temían que compitiese con la Biblia cristiana, por lo acertado de sus respuestas como oráculo para el pueblo chino, que los misioneros cristianos querían catequizar pero no podían impedir esas prácticas oraculares que para el cristianismo tenían una connotación demoníaca.

-¡Ah!  Entonces es un libro prohibido por la Iglesia católica ¿Acaso te sirve para consultar el futuro? ¿Eso no es pecado?

- ¡Ay hijo! En este libro que soy capaz de entender  quizás sólo  de una manera intuitiva, hay un sistema de analogías para todo el mundo, basado en ocho imágenes poderosas y representativas de las fuerzas de la naturaleza: las dos primeras son el cielo y la tierra, luego el viento, el agua, el trueno, el calor, el monte y el lago.

- ¿Para qué te sirve ese viejo libro, papá?

- Mediante ocho hexagramas básicos tiene sesentaicuatro combinaciones, que generan cientos de alternativas sobre las que se basa el oráculo y sus sabios consejos. Los matemáticos y especialistas en computación, se asombran del lenguaje binario que los antiguos chinos utilizaron en ese libro, que corresponde a la manera en que actualmente se programan las computadoras usando el código binario: línea continua y línea partida. De joven, cuando tenía problemas y me perseguían adversarios poderosos, le  pregunté al “I Ching” y obtuve como respuesta, como consejo: « Es favorable atravesar el gran mar”. Y aquí me tienes, atravesé el mar…

-¿Si? ¿Sólo por ese consejo viniste al Perú?

-Bueno, eso es una parte de los hechos  que influyeron en la decisión que tomé con tu mamá querido hijo. Pero la respuesta de ese libro, nos ayudó a decidir la difícil opción  de embarcarnos a  este generoso país, denominado por nosotros allá como el país de las “colinas doradas”, en honor a sus riquezas naturales y  a las grandes  oportunidades que ofrecía a los pobres inmigrantes que como yo, fuimos acogidos generosamente.

-La verdad papá, que me parece insólito. Sinceramente debes haber tenido otros motivos, que no me cuentas.

- Bueno, lo cierto, es que en los años cuarenta, fui  dirigente político, los comunistas allá en Shanghái me perseguían, por ser uno de los miembros más  activos y supuestamente peligroso para ellos, ya que pertenecía al  único partido opositor al “Partido comunista de China”,  cuyos líderes como Mao tse Tung querían instaurar una dictadura. El partido al que yo pertenecí, se llamaba  “Kuo Min Tang”, que lideraba el generalísimo Chiang Kai Sek; después de la caída de la corrupta corte imperial, luchábamos por convertir a China en una democracia.

-¡Eso es una aventura sorprendente, increíble!, no me imaginaba que estabas metido en política,  papá.

 -Por el riesgo que corría tu mamá, que estaba embarazada contigo y yo preocupado por su seguridad,  tuvimos que salir precipitadamente de Shanghái y embarcarnos rumbo al Perú. Ese libro fue nuestra única gran compañía y un gran consejero espiritual…lamentablemente tu madre no soportó el duro viaje por barco, estaba muy débil y enferma. La perdimos. Sólo pudimos salvarte a ti, que naciste sano y fuerte.

-¡Oh! Papá, sabes que a mi mamá, mi verdadera mamá la extraño mucho. ¡Me hubiera gustado conocerla, sentir su cariño, sus arrullos! Por  las fotos que tienes, veo que fue una joven muy bella. No pienses mal, pero a mi actual madrastra la aprecio,  me trata bien, la quiero pero siento que no es lo mismo, por más esfuerzo y voluntad que pone.

-Así es la vida hijo. No ha sido fácil para mí salir adelante, después de perder a tu mamá. A quién ahora es tu mamá por favor, es ya  tu madre, ella es quién te crió con mucho amor y cuidado, refiérete a ella y llámala siempre mamá o por su nombre, gracias a ella te hemos podido formar como hombre de bien,  me ama y a ti también te quiere  mucho. Te ha engreído y ha aceptado como su único hijo, no quiso tener descendencia conmigo por respeto a tu madre y a ti.

-Sí, papá. Haré lo que tú dices. Ahora, cuéntame más de tu vida política, parece mentira, todo lo qué has pasado. Es una aventura como para una novela. Ojalá tuviese el coraje que tú tuviste.

-No, hijo. Ahora es otra época. De coraje, no hables, pues lamentablemente tuve que abandonar a mi líder y a mi país. No se puede imitar eso, la realidad del Perú es otra. Yo  era un militante activo que simpatizaba con la democracia que fundó Sun Yat Sen, cuya doctrina era seguida tanto por los nacionalistas del “Kuo min tang”, así como también por  los comunistas, quiénes lo usaban  como símbolo, para sus propios intereses, con el fin de capturar el poder en China. Sun Yat Sen tuvo y mantiene su prestigio no sólo por haber fundado el primer gobierno democrático en China, sino porque logró que se respete a China, y por evitar que las potencias occidentales Inglaterra, Alemania, Francia, Estados Unidos, y las potenciales orientales Rusia y Japón se repartan al país.

- Papá, sígueme contando tu historia, es muy importante para mi conocer todo lo que ha pasado en tu vida.

- Fui perseguido por los comunistas pues era un líder  muy visible, les era una piedra en el zapato, mucha gente me seguía y apoyaba el movimiento, época difícil por la guerra civil entre ellos los comunistas y nosotros los republicanos nacionalistas que realmente seguíamos los principios del demócrata Sun Yat Sen, bajo el liderazgo del Generalísimo Chiang Kai Sek, mientras los comunistas eran apoyados por los rusos, para instalar soviets en China. Para colmo el ejército imperial japonés invadió China para apoderarse del país.

-Papá, papá, en ese contexto ¿Cómo te ayudó, ese libro? ¿Realmente ese libro sagrado, te sirvió?

-Hijo mío. Querido hijo, este libro de las transformaciones lo consulté allá en China, y su respuesta no pudo ser más devastadora. Su respuesta fue que los comunistas tomarían el poder, luego de terribles masacres, y obligarían a nuestro líder y partidarios a emigrar al exilio. Tú, ya sabes por la historia que Chiang Kai Sek con sus más cercanos dirigentes dejaron China y se refugiaron en la isla de Formosa, ahora conocida como Taiwán, que es un pequeño país del mundo libre,  muy poderoso económicamente. Todo eso ya lo sabía el “I Ching”. Por eso yo abandoné  China, junto a  tu mamá, no quería exponerla y la verdad, que como ser humano, tuve miedo que nos capturen y maten.

-¿Tanto creías en el “I Ching”?’ ¿No habrá sido coincidencia?  Por lo que me dices se cumplieron  las premoniciones del libro.

- Desde que llegué al Perú, el libro me acompaña y siempre ha sido mi guía, me recuerda lo buena que fue conmigo tu madre que te dio vida. Ese libro me recomendó que forme una nueva familia, incluso me ayudó a conocer a tu nueva madre y a formar la familia que somos. Sin este libro sagrado, quizás tú no existirías, tú eres un niño que se va a convertir en un hombre con más sabiduría y éxito que yo, tu padre.

Estas palabras de mi padre, hasta ahora  retumban, y se  han grabado en mi mente; siempre quedé intrigado, por eso, con mis estudios de historia, filosofía y literatura oriental, busco encontrar una respuesta a esa creencia tan acendrada en mi padre; que desde la perspectiva actual, con mi pensamiento occidental, me parece un pensamiento mágico-religioso propio de épocas pre-industriales ¿Cómo podría Dios o deidades, ángeles o guías espirituales comunicarse a través de un simple libro? O es acaso, más probable, que la verdad esté en el funcionamiento de nuestra capacidad premonitoria no desarrollada de la videncia;  al fin y al cabo se sabe que usamos limitadamente el potencial de nuestro cerebro; quizá esa pueda ser la respuesta. Eso me toca a mí averiguar.

Más adelante, comenzaría a investigar el aspecto oracular del libro, así  retorné para visitar aquel extraño Templo en honor al dios Kwan Kun, ubicado en el Jirón Huanta en Lima, que los paisanos de mi padre visitaban para ofrecerle sus oraciones y hacerle consultas utilizando al famoso “I Ching” Y curiosamente encontré al mismo maestro guardián del templo que me hizo la sesión oracular, aunque ya anciano,  ya no se acordaba de lo dicho en aquella época en que era niño; lo único que me dijo es que a veces el “I Ching” decide responder seriamente, sólo cuando el consultante lo merece y mirándome comentó, parece que usted si es un buen consultante…

Cuando era niño mi padre me llevó a ese templo e hizo unas consultas sobre mi futuro; aún ahora tengo presente el impacto que me causó esa sesión de consulta al oráculo,  pese al tiempo transcurrido lo recuerdo muy bien.

Tengo aún presente, cómo  ese mismo guardián del templo don Weimán Hoo, bastante joven en aquel entonces,  al leer el oráculo, adivinó a qué actividades  yo me iba a dedicar de adulto, adónde y en qué trabajaría, hasta acertó respecto a la manera cómo conocería a mi futura esposa, cuántos hijos tendría;  pero lo más desconcertante es que me advirtió de los posibles peligros y problemas que tendría que enfrentar en la vida. Todo ello se cumplió…

Ese señor Hoo ¿habrá realmente tenido capacidad como vidente?,  ¿el “I Ching” realmente le informó acerca de mi futuro?…todo ello es aún una incógnita que me deja perplejo… ¿Cómo lo hizo?, aún no sé qué pensar, pese a la racionalidad que tengo, me deja dudas, muchas preguntas sin respuestas…

Ahora en plena madurez,  el “I Ching” se ha convertido en una fuente obligada de consulta en mi vida cotidiana. Ese misterioso oráculo, me brinda respuestas a las acciones y decisiones que orientan  mi vida. Lo hace con una gran precisión en sus respuestas y consejos como si se tratase de un ser humano, de un consejero o guía amigo muy sabio.

Lo terrible es que el Libro, ese libro el “I Ching” se ha convertido casi en mi dueño y yo me siento como un simple lazarillo, esclavo y ejecutor de sus órdenes, es mucho más que un guía, es como una persona que decide por mí y de eso quiero librarme, ¡Quiero ser independiente y no depender más de sus consejos!

Ya mi madre adoptiva, me lo advirtió; ella dentro de sus creencias cristianas, siempre me decía, -Hijo, mantén el equilibrio, tú eres resultado de dos culturas, escucha a tu padre, pero siempre debes escucharlo con espíritu crítico y  muy alerta. Eres muy inteligente y cuerdo, ten en cuenta que tu padre sufrió mucho antes de venir al Perú y trajo algunas creencias controversiales. Yo recuerdo que además  me decía:

-Hijo, la Biblia Cristiana y el Evangelio de Cristo Jesús, te ofrecen la verdad y la vida eterna, el libre albedrío; también debes leerlos con amplitud de criterio, al igual que lees y te dejas influenciar por el “I Ching”, que supuestamente te da las respuestas y no te deja analizar y decidir por ti mismo.

Pero, yo le respondía, al igual que mi padre:

-Mamá, en la religión cristiana el  Dios poderoso no nos da ninguna orientación, ni guía concreta. Sólo nos impone sus diez mandamientos, que muy poca gente  cumple.

-Querido hijo, Cristo predicó con el ejemplo de su propia humildad, pobreza y dio su vida por nosotros, para salvarnos.

- ¡Ay mamá, lo que dices  es absurdo, ¿para salvarnos?, ¿cómo?. Esa doctrina es  poco útil en nuestra vida actual, pues cómo es posible que Cristo, como dios nos diga que si nos agreden, pongamos la otra mejilla, hasta morir. No, esa doctrina no la siento razonable.

- Te repito hijo. Cristo, por amor a nosotros seres humanos, dio su vida.

- ¡Será Él pero no podemos nosotros hacer lo mismo! Pues como Dios, nos debería haber dado el  conocimiento, sabiduría y perfección para siempre. Además según la Biblia, Dios pide que lo adoremos y hagamos sacrificios por Él.  En cambio el “I Ching” sólo pide un trato respetuoso, no que lo veneremos, además nos da consejos para salir adelante en la vida. Que la Biblia no nos da.

Las conversaciones entre mi padre y mi madre, en todos los temas eran cariñosas y armoniosas, excepto en temas como estos, los de creencias religiosas, donde había realmente un diálogo de sordos. Cada cual  tenía argumentos poderosos, consistentes, que hacían tambalear las opiniones de uno y otro. Pretendían que yo, el hijo único tuviese un criterio amplio, en que prevaleciese el sincretismo religioso, y el pragmatismo. Pero, las ideas de mi padre se impusieron. Creo que injustamente, sobre la amplitud de mi madre, mi madre adoptiva, que tanto me quería. Subestimé los consejos de mi madre. Y ahora estoy en un callejón sin salida. Ya mi madre ni mi padre  están para aconsejarme. Sólo está el “I Ching”.

Mi querida esposa, ha seguido este caso mío con objetividad y aprehensión, al igual que mis hijos; quiénes también me han dicho, que deje de estar consultando con el “I Ching”. Reconocen que en alguna medida, el “I Ching” ha sido una guía útil, en los aspectos más importantes de mis decisiones en la vida, pero ya han notado esa terrible obsesión, por ejemplo tengo más de noventa libros, de múltiples autores, de diversas editoriales de todo el mundo, sobre el “I Ching”. Algo debo hacer. ¿Desprenderme de ellos? ¡No!, es un tesoro, que me ha costado años de viajes, sacrificios e inversión coleccionarlos. Pero, no, estos libros de “I Ching” no deben dominar mi vida.

Al final, he tomado la decisión de cederlos en uso a la universidad en que trabajo, al “Centro de Estudios Orientales”; ya tengo identificado al candidato ideal, para reemplazarme en los estudios en ese tema, espero que de manera amplia, con criterio científico, pero yo necesito  alejarme de su avasalladora influencia. Lo importante es que lo que se inició como una  afición por el “I Ching” no se apodere y me domine. Por lo que a mí concierne ya opté. Dejaré de hacer consultas y esperar respuestas del oráculo del “I Ching”. Sólo conservaré como recuerdo el original en chino, que mi padre me entregó. Adiós “I Ching”. ¡Gracias “I Ching” por tu ayuda brindada hasta ahora, perdóname, pero me despido, ya no quiero depender de ti, hasta nunca!

¿Hasta nunca?, Querido amigo, el “I Ching” jamás te abandonará, tú ya te consagraste a él, y no puedes desprenderte como si de un objeto inservible se tratase, el “I Ching” tiene vida propia, hay un espíritu detrás de él, y nunca te dejará. 

jueves, 12 de abril de 2012

El sanador

Clara Pawlikowski



La escultura está hecha de madera y representa a José Gregorio Hernández, un médico venezolano con fama de sanador. No sé mucho de él. Me acompaña algunos años entre peines, ruleros y tijeras en mi mesa de trabajo. Por esto último, ya habrán adivinado mi profesión: soy peluquero. Elegí este oficio porque no hay mucho que escoger cuando uno es homosexual. Ser homosexual y pobre nos limita en todo.

Ahora vivo sólo con mi madre. He conseguido un departamento pequeño en Villa María del Triunfo, lejos de mi trabajo pero con el tren eléctrico me demoro menos tiempo en llegar.

La peluquería está en un barrio populoso, con edificios a medio construir, bodegas y carretillas de frutas por todas partes. Al medio día me cruzo con los vecinos que vienen a comprar  mientras yo almuerzo alguna fruta o cualquier cosa que me apetece. Así fui conociendo a la mayoría. Muchas veces he escuchado comentar a los vendedores que por ahí viven muchos homosexuales. Por las tardes un grupo de ellos se reúne en una esquina por donde paso para tomar el autobús. Visten en forma estrafalaria, llaman la atención con sus risas y contoneos. Yo ni los miro.

A José Gregorio siempre lo figuran con traje negro y sombrero de tarro. Con él tengo una amistad silenciosa y lo respeto. Cada mañana nos miramos y él sonríe. Antes creía ver visiones pero no es así. Sus ojos esculpidos redondeados y pintados de blanco con un puntito negro en su interior parecen diminutos huevos fritos que se achinan, acompañados de movimientos de sus labios y bigotes, en una discreta mueca. No recuerdo como llegó esta figura a mis manos, sin embargo puedo dar fe que me ha curado y por eso mi testimonio ojalá sirva en las gestiones para elevarlo a la categoría de santo.

Me enamoré perdidamente de Rafael, un muchacho guapo que se animó a compartir mi piso a pesar del rechazo de mi madre. Duró poco la relación. Lo conocí dos semanas antes de un incidente que ocurrió cuando salía a solas de la peluquería. Me di de bruces con una batida de los policías municipales. Me envolví sin querer en el lio y recibí varazos por todo mi cuerpo, insultos de todo calibre: maricones por aquí, maricones por allá y otros más subidos de tono. Nos metieron a patadas en una camioneta cerrada y nos llevaron a la comisaría. Éramos como diez; entre nosotros habían unas tres mujeres que a la legua, por lo pintarrajeadas que iban, supuse que eran prostitutas.

Cuando llegamos le escuche decir al jefe:
─ ¿Y ahora qué hacemos con estos “cabros”?. Están deshechos, aquí no hay espacio para más y después nos vamos a ver en problemas con esa gente de los derechos humanos. Suéltenlos y que se vayan.

Luego de dar mi nombre y el número de mi documento de identidad pude salir. Era cerca de media noche. Fui caminando adolorido tratando de encontrar un taxi.

Un día que llegué tarde del trabajo encontré a Rafael con un vecino en la cama. Un tiempo después que terminamos, en una noche oscura sin luna ni estrellas cogí la escultura de José Gregorio y le supliqué llorando que aplaque mis penas.

No se demoró en ayudarme, esa noche tan pronto me quedé dormido, vi a un hombre vestido de negro con sombrero del mismo color, que se acercaba a mi cama. Abrió mi tórax de un solo corte, sentí que me inundaba la sangre. Extrajo entre sus manos mi corazón, lo zurció  cuidadosamente y después de cortar el hilo, lo colocó en su sitio. Me vendó el torso oprimiéndome el pecho. Casi no podía respirar.

A la mañana siguiente, yo era otro. Me sentí aliviado.

Tomé una ducha para limpiarme los rezagos de la operación. 

jueves, 22 de marzo de 2012

El verdadero secreto

Julio Chang Lam 


Hans Schmidt, es un joven y talentoso ejecutivo de una corporación internacional dedicado a tareas de evaluación, selección y reclutamiento de personal;  su preparación en gestión de recursos humanos la aplica eficientemente con sus conocimientos de psicología organizacional.

Sus padres son prósperos empresarios de origen alemán que vinieron a radicar al Perú después de la segunda guerra mundial; Hans quiere  mucho a sus padres, confía en ellos, conversan de temas familiares y sociales así como de política de actualidad. Por su formación profesional, se da cuenta cuando alguien trata de pasar por alto algún tema, o desea ocultar algo; tiene alta capacidad para detectar gestos y expresiones que revelan aspectos que no son explícitos a primera vista. Por ello, se había percatado que sus padres muy poco tocaban aspectos sobre su pasado en la Europa de los años treinta y cuarenta, sólo le decían que  fueron agricultores en Baviera y que  sufrieron mucho durante la segunda guerra mundial, antes de venir al Perú a iniciar una nueva vida adonde vinieron apenas terminó esa terrible conflagración.

Hans observaba que su padre en su amplia biblioteca y estudio, gustaba de sacar de  un  cofre  algunos  pequeños objetos, que parecían ser muy antiguos a los que miraba  con evidente nostalgia y cariño.  Entre esos recuerdos destacaba  una hermosa cruz de hierro, así como unas fotos ya amarillentas por el tiempo; en ellas aparecía  su padre vistiendo un elegante uniforme militar negro, con adornos dorados. Notaba el especial  interés y concentración de su padre cuando leía  una obra escrita en alemán que se llamaba “Mein Kampf” (“Mi Lucha”, en español),  lo cual   motivó mucha curiosidad en   Hans.

-Padre -le dijo Hans en una oportunidad- esa  hermosa edición  del antiguo libro que disfrutas leyendo  tiene una dedicatoria firmada por un militar de alta graduación. Parece que dice coronel de la SS y una firma casi ilegible, algo como K…B… ¿Quién es la persona que te hizo esa dedicatoria? Parece que lo lees con algo de nostalgia. ¿Es esto cierto, no?

- Hijo, esa obra es un regalo de mi jefe durante la segunda guerra mundial; como eran tiempos de enfrentamientos, el  servicio militar era un deber y obligación para todos los jóvenes de aquel entonces; tuve que dejar mis labores en el campo y servir a mi patria. El autor de la obra, fue el líder de nuestro país,  en él creíamos, en él confiamos, a él le juramos lealtad incondicional; el contenido de esa obra refleja el sentimiento del pueblo alemán de esa época,  pero ahora todo aquello es sólo un lejano recuerdo de una etapa de confrontación, muy difícil para todos quiénes luchamos por sobrevivir en aquel entonces…

-Y esa cruz de hierro y ese uniforme negro tuyo en esas fotos antiguas, en que se te nota muy distinguido cuando joven  ¿Significan mucho para ti? ¿No es verdad?

-¡Claro! Por supuesto. Es un reconocimiento a mi labor  durante la guerra en defensa de la patria, y bueno, ahí me ves con mi uniforme de esa época, diseñado por el famoso Hugo Boss; claro, después de haber servido a mi patria me siento muy, pero muy orgulloso, pero sentimos mucha desazón pues nuestro líder nos llevó al desastre, con los resultados de la guerra desfavorables para el país y nuestro pueblo, que todos conocemos.

-Padre, no te parece que el líder, a quién obedeciste y seguiste, el dictador Adolf Hitler ¿no fue acaso una persona con ideas desquiciadas?, cuyo libro “Mein Kampf” contenía las ideas totalitarias que habrían de convertirse en acciones de agresión contra las democracias de ese entonces… Y el vistoso uniforme, de elegante diseño, es del ejército que siguió a ese líder que originó   la  peor tragedia mundial, ¡con más de sesenta millones de muertos!

 –Bueno, hijo,  para mí y tu madre, esa etapa es ya un capítulo cerrado de nuestra vida; sufrimos mucho en esa época, no deseamos recordarla; es mejor  dedicarnos al presente y mirar al futuro…Claro, como viejo que soy, recuerdo lo mejor de toda esa época, todo fue muy bien en los años treinta, hasta antes de entrar en guerra…

-Padre, es importante reconocer lo bueno, pero también el gran daño hecho a la humanidad con una guerra total, sin compasión, ni piedad. Y como ves, al final perdieron, perdió Alemania, perdió la Europa democrática, y fue mucho peor, porque el comunismo se apoderó de muchos países del Este y cayeron  bajo la tenebrosa influencia de la dictadura de Stalin.

La  respuesta de su padre generó más inquietudes y dudas en su hijo. Hans, a partir de ahí, comenzó a obsesionarse cada vez más  por conocer detalles de la vida de su padre en esa época. Aunque su madre, muy comprensiva ella, asentía y le decía lo mismo que su padre. Quizás, a lo mejor, ambos tenían razón en no querer recordar el sufrimiento que pudieron tener. Al fin y al cabo toda guerra es nefasta.

Sin embargo Hans  aumentó su interés en averiguar el verdadero rol de su padre en la Alemania de los años treinta y cuarenta del siglo pasado…lo inquietaba mucho; sentía que algo importante se le ocultaba... quería saber que había hecho su padre como parte del ejército de la SS, su hipótesis era que había cometido acciones de guerra que podrían quizás tipificarse como criminales y eso le preocupaba mucho.

-¡Padre!, le dijo Hans a su padre Helmut, cuando obtuvo una información que lo perturbó -Ya averigüe quien es la persona que firmó la dedicatoria en el libro que guardas y lees  con tanta añoranza.

-¿Qué sabes? Preguntó Helmut a su hijo.

 -Es nada menos que un coronel de la SS, llamado Klaus Barbie, del cuerpo militar de élite de Hitler ¿No?

- ¿Y qué tiene de malo? Es un militar que defendió a su país y fue mi jefe ¿Sabes acaso que en una guerra, el que no se defiende muere?
-Pero, padre, como  jefe de la Gestapo, ¿Barbie no fue acaso responsable de la muerte de miles de personas, por lo que fue acusado por crímenes de guerra?
-No. Lo que es cierto es que usábamos el mismo tipo de uniforme negro de la SS. Pero si debo aclararte que yo no he estado  implicado en actos irregulares, mucho menos crímenes de guerra, como divulgan los países vencedores de todos quiénes servimos a la SS. Yo desconozco las acusaciones contra el buen Klaus, quién fue no sólo mi jefe, sino también un amigo apreciado.
-Deseo confiar en lo que me dices padre, pero Klaus Barbie fue un asesino de miles de personas de la resistencia francesa.
-Hijo debes estar tranquilo, no ha pasado nada después de tantos años, para qué preocuparse ahora por  lo que ha hecho mi antiguo jefe. ¿Qué más sabes de Klaus Barbie?
-Lo que sé es que Klaus Barbie,  después de la guerra se refugió acá  en Lima, de aquí huyó a La Paz, fue capturado y extraditado a Francia,  terminó y murió en la cárcel acusado por crímenes de guerra…
-Hans, eso para mí es sumamente penoso, sinceramente no lo sabía. Debes tomarlo con tranquilidad, creo que en algún momento, más adelante, cuando estés más sereno,  podremos hablar con mucha calma sobre ese tema; no fuerces las cosas, no trates de confrontarme  con el pasado, recuerda que soy tu padre y no te corresponde a ti juzgar lo que hemos hecho durante la guerra, porque una guerra es eso, no es un juego, si no nos defendíamos moríamos, debes tener muchísima prudencia en tus comentarios. Te lo digo como  padre a ti, mi hijo a quién quiero mucho.
-Padre, por tu carácter sereno y tranquilo, yo creo que tú no has estado involucrado en los hechos de tu jefe. No podría yo pensar otra cosa, pero me inquieta,  necesito que me confirmes que no has tenido nada que ver con los crímenes cometidos por Klaus Barbie. ¿No te parece justo, que tu propio hijo se convenza de ello?
Helmut le sonrió y le dio una cariñosa palmada –Debes estar tranquilo, así es, yo no tuve nada que ver en sus decisiones. Olvídate de ello.

 Hans pese a esa aclaración de su padre, sentía que algo más había, pero no sabía qué era, esa obsesión en conocer la verdad que podría estar detrás de esa oscura parte de la vida de su progenitor le perseguía hasta en sueños. ¿Para qué deseaba saberlo? Ni él mismo lo sabía; porque denunciarlo o cometer cualquier actitud desatinada estaba fuera de lugar, al fin y al cabo era su padre.

En un fin de semana en su casa de playa del sur, en el balneario de moda: Asia,  toda la familia Schmidt, el padre, la madre, el hijo Hans y su hermana menor disfrutaban del sol y la brisa marina, acompañados de amigos y vecinos. Después de almorzar una agradable parrillada, luego que las amistades se retiraron al atardecer, Hans aprovechando que se encontraba a solas con su padre, quien estaba relajado y contento,  le comenta su intención de viajar por Europa, pero con afán de observar sus reacciones.

-Padre, le comenta Hans, me gustaría viajar por el viejo continente, para  conocer algunos lugares turísticos quizás con mi novia Romina, adelantando la luna de miel -le dice maliciosamente-  tú y mamá  la conocen muy bien; pero eso depende si consigue permiso de sus padres, tan conservadores ellos y si no acceden, no importa, iría con amigos.
-Sí, bueno depende de ustedes, me parece muy buena idea, que aprovechen las vacaciones.  ¿Dónde piensas ir?  ¿Algunos lugares en especial te atraen? -comenta el padre.
-Me gustaría visitar Francia -responde Hans.
-¡Ah! Muy bien hijo, le dice el padre,  Francia tiene sitios turísticos muy importantes que valen la pena visitar, no solo la Torre Eiffel, el Barrio Latino, Montmartre el lugar de los artistas, El Museo del Louvre,  el Centro Cultural Pompidou y tantos otros hermosos sitios…
-Sí, padre, responde Hans, también me gustaría conocer la ciudad de Lyon. Que no sólo es la tercera ciudad más poblada de Francia después de París y Marsella.

Hans observa un gesto casi  imperceptible y una reacción incómoda que le produce ese comentario a su padre, que sólo alguien que conoce de psicología gestual, podía detectar.

Se produce un silencio de algunos pocos segundos, Hans observa que en la expresión de su padre en su rostro, hay algo de sorpresa y  desconcierto ante su comentario; pero Helmut reacciona respondiendo:

-¿Qué  te parece interesante de Lyon, hijo? Hay otros sitios seguramente más atractivos… turísticamente quiero decir.
-Bueno, responde Hans, tú seguramente no sabes que es una ciudad muy  próspera económicamente gracias a su  seda de calidad, las industrias, textiles; además cuenta con un patrimonio histórico y arquitectónico, reconocido por la UNESCO.
-Ah, bueno, si eso es de interés tuyo en buena hora, responde el padre –me parece bien.

En estos momentos es que Hans considera la oportunidad para un comentario inquisitivo  -además, padre, hay un tema histórico que me interesa conocer, dice Hans, de modo calculador y provocativo, para observar qué reacciones  produce en su padre el comentario -Lyon durante la Segunda Guerra Mundial, fue un centro de ocupación alemana dónde hubo fuerte resistencia francesa, que ocasionó muchas pérdidas humanas… y hay un museo en honor a los miembros de la resistencia que mandó asesinar Klaus Barbie. Y le dirige a boca de jarro la pregunta de rigor, cuya respuesta le angustiaba conocer…
-Padre, disculpa la insistencia mía sobre este tema, dime ¿tú has tenido que ver algo en todo eso?, pregunta ansioso Hans.

Es en este momento que Hans, observa una reacción en su padre, su rostro se pone algo lívido y no responde a ese comentario… Hans hizo esa afirmación de manera perturbadora, pues fue en Lyon, donde Klaus Barbie, el autor de la dedicatoria en el libro que leía su padre, fue causante de miles de muertes.

De esta manera Hans, refuerza su sospecha en el sentido que su padre podría haber tenido algún tipo de participación en esos execrables hechos junto con Klaus Barbie ¿Que alcances e implicancias tuvo su labor como militar de la SS?, ¿Habrá acaso sido ejecutor de parte de esos crímenes? es algo que Hans, quiere averiguar.

Helmut, el padre de Hans, en aquella lejana época, muy joven él, recuerda que fue convencido por los nazis que buscaban jóvenes de talento, inteligentes, altos, fuertes, rubios y de ojos claros, requisitos que Helmut cumplía a la perfección, así fue que se enroló en las SS;  por sus destrezas para infiltrarse, obtener información clave y tener capacidad analítica, se le asignó al servicio de inteligencia; no combatió en el frente, ni tuvo mando, ni decisión directa alguna en  la ejecución de ningún grupo de personas sea en algún  frente de guerra o en la retaguardia; sin embargo, como alto oficial que fue,  tenia sentimientos de culpa cada vez que, atormentándose a sí mismo,  leía por enésima vez la obra “Mein Kampf”. En lo más profundo de su ser, se decía a sí mismo, -Si Adolfo Hitler  hubiera ganado la guerra, el mundo habría retrocedido mucho, se habría impuesto su  dominio con un totalitarismo racista y genocida; no, yo Helmut cambié hace mucho, ya he rehecho mi vida junto con mi querida familia en este acogedor país por lo que  no puedo estar de acuerdo con todo lo sucedido,  ni seguir recordando lo tenebroso que fue para mí participar en esa guerra de agresión al mundo entero.


Conversando en la intimidad, con su esposa  Helga, recordaban la manera tan inesperada y traumática en que Helmut conoció a su mujer; fue cuando los rusos habían entrado a Berlín y él la rescató, en un sangriento enfrentamiento,  dando muerte a aquellos soldados del ejército rojo, que estaban abusando de ella. Entre Helmut y Helga había nacido el amor, en esas circunstancias tan difíciles; decidieron emigrar y buscar refugio en América del Sur.  Así, llegaron a Argentina primero, luego a Chile y por ultimo al Perú, donde decidieron quedarse y casarse. 

Helga salió embarazada, a raíz de ese terrible acto de estupro; Hans nació nueve meses después en el Perú. Hans desconocía totalmente ese terrible hecho   que dio  origen a su nacimiento. Realmente era cierto, ese suceso se le ocultaba, no tenía por qué saberlo, por su propio bien. Hans, después de todo, fue reconocido, aceptado y querido por  la familia Schmidt.  Ese era el verdadero secreto que celosamente guardaban los esposos Helmut y Helga.  

viernes, 16 de marzo de 2012

Diálogo místico II

Marco Antonio Plaza


Gerónimo retorna a su casa después de la misa del día domingo luego de una interesante experiencia que había tenido apenas una hora antes. Emocionado y exaltado abre la puerta de su casa y dice:

- ¡Susana!, ven un ratito, te quiero contar algo muy importante. No tienes idea de lo que me ha pasado.

-¡Qué sucede!, estás alterado y que raro que vengas así después  de la misa. Se supone que debes estar relajado sin  esa cara de loco.

-No me vas a creer pero he tenido un chispazo de misticismo, no sé como explicártelo. Pero me duró apenas unos minutos antes de la misa. Lo he bautizado como «un diálogo místico» y creo que es algo sobrenatural.

-  A ver, siéntate,  explícame con tranquilidad. ¿Quieres un vaso de chicha heladita? La acabo de preparar.

-Sí, tengo calor porque he venido caminando bien rápido para contarte. Bueno, voy a empezar con lo que hice el domingo pasado y luego el diálogo que tuve hoy. Resulta que ese día  caminando hacia la iglesia me quedé observando un pequeño parque, que tú también conoces.

-Claro, ahí donde a veces juega Antonellita cuando vamos a la misa. Pero recuerdo que a ti no te llamaba  la atención. Te agradaba pero no tanto.

-Así es. Hace unos años que vengo pensando en temas sobre la vida. Pero ahí no acaba la cosa. Justamente el diálogo que tuve hoy se basó en esta experiencia y otros temas. Primero te cuento lo del parque, y luego lo del diálogo, ¿te parece?

-Tá bien, organízate.

- Bueno, seguimos. Cuando estaba en el parque rodeado de árboles y densa vegetación tuve un fuerte sentimiento. Una sensación nunca antes vivida.

-¿Sentimiento?

-Así es. Sentí plenamente a la naturaleza, me sentí más vivo que nunca y me olvidé de todas mis preocupaciones, del pasado y del futuro. Tuve mucha alegría.

- ¡No me contaste eso!, ¿por qué?

-Debí hacerlo, pero ahora se ha juntado con el diálogo, ¡es asombroso! ¡No puedo ocultarte estas dos vivencias!

- Lo del parque es comprensible, pero respecto al diálogo, ¿no serán ideas que te afloran de vez en cuando creyendo que te hablan? Debes tener en cuenta que la mente es poderosísima. Inclusive puedes sufrir alucinaciones.

-¡Nada que ver! No fue consecuencia de una lógica ni de un pensamiento menos una deducción, nació muy dentro de mí. Tampoco pienses que escucho una voz que me habla ni veo personas. Estoy muy cuerdo por si acaso.

-. ¿Y tú qué crees que fue?

- Sería un poco de soberbia decir que fue Dios el que me habló y me escuchó, pero, ¿de qué serviría creer en Él si pensamos que solamente está en una nube mirándonos y nunca nos comunicamos? «Creer» implica aceptar de alguna manera tener una conversación pero claro eso no significa que sea igual a hacerlo  por teléfono, no es tan fácil explicarlo.

- A ver, déjame pensar…… Ya sé. Tú crees que Dios te habla, y así se forma un diálogo pero no estás tan seguro. ¡No te entiendo, o crees o no crees!

- Queda la duda, lo tomo con mucho cuidado, pero lo real es que tuve esas ideas que se vinieron a la mente de un momento a otro. Por ejemplo, ahora mismo quisiera comunicarme pero simplemente no puedo. Tengo el presentimiento que se vendrán miles de diálogos. ¡Qué bacán!, ¿no?

- ¡Insisto, tú mismo te preguntas y te contestas!

- ¡No estoy perdiendo la razón!

-Me alegra que así sea. Si no, ¡que me hago con un loco en la casa! ja ja  ja.

-¡Qué sarcástica eres! Tú sabes perfectamente que una idea me está dando vueltas en la cabeza en los últimos meses y lo hemos conversado muchas veces. Se trata de conectar lo material, mental y espiritual en todo momento de nuestra existencia y lograr un alto nivel de conciencia que nos ayude a comprender la vida en toda su magnitud. No pienso dejar de lado esta inquietud hasta que seamos viejitos, sería muy tarde,  no se cambia de la noche a la mañana.

-¡Hace tiempo que me conversas al respecto pero no entiendo realmente que quieres decirme! ¡Lo veo muy etéreo! Explícame eso de “espiritual”, ¿algo así como el espíritu santo?

-Si pues, no he sido  muy claro contigo. Mira, el físico es nuestro componente material y se relaciona con las necesidades básicas e instintos. En cuanto a la mente, nos permite tener consciencia, raciocinio, lógica, sentimientos relacionados a nuestra vida cotidiana así como expectativas. Nosotros podemos vivir tranquilamente, ser muy buenas personas equilibrando el cuerpo y mente. Pero hay algo más que me da vueltas a la cabeza. Me refiero a un mayor nivel de conciencia relacionado con lo místico que escapa a las leyes de la física y a lo que vivimos diariamente, me refiero a lo sobrenatural; yo le llamo espíritu, pero no confundas con la definición de espíritu santo o de un ente incorpóreo que tiene conciencia, como por ejemplo los ángeles.


-¿Entonces?, ¿qué es?, ¡habla!

- Te doy algunos ejemplos. Si estás a punto de accidentarte entonces estás actuando instintivamente. Cuando trabajas, estás totalmente concentrado en este mundo. Esto es excelente porque disfrutas de la vida, te sientes productivo.  Tú nivel de conciencia está en un nivel instintivo y mental. Pero cuando oras o meditas, vas más allá y  tienes un sentimiento especial que es difícil explicar. Cuando eres compasivo y perdonas  a los que te ofendieron o te hicieron daño, superas todo sentimiento de revancha o de venganza que es propio de un raciocinio. Entonces yo pienso que podemos ser místicos aun cuando estamos concentrados en nuestros quehaceres cotidianos.  

- Me parece interesante, pero ..... ¡sigue!

- Esto se ha convertido ahora en una motivación personal. No sólo son ideas sino que estoy poniéndolas en práctica. Y justamente la experiencia de hoy y la del parque es el inicio, es el primer paso.

-Pero, no te entusiasmes, tú sabes que yo soy práctica en muchos aspectos de la vida.  ¿Se puede saber por qué le llamas un diálogo místico? ¿Acaso no pudo ser contigo mismo como te dije hace un ratito? ¿Con tu mente o subconsciente como dicen los sicólogos?

- Las ideas son muy bien elaboradas, se me vienen a la mente con una claridad sorprendente, fluyen como el agua de un río. A veces creo que es una energía sobrenatural. Pero dudar es bueno porque así no te tomas en serio cualquier idea que se te venga a la mente. No te olvides que nuestro subconsciente es muchas veces un amigo, pero en ocasiones se convierte en tú enemigo. Es más, ¡podemos ser engañados! ¿Qué opinas?, creo que ya es hora que me des tu comentario.

- ¡Yo pienso que tú te haces preguntas y te contestan cómo quisieras que sean las respuestas!, ¿no crees?

- ¡Cómo siempre dándome la contra! ¡Y es por eso que no entiendes, mejor dicho, no quieres comprender!

- ¡No te enojes, acepta mis dudas! ¿Y qué hablaste con ese tal “místico”?

- Yo planteaba algo y a veces me daba la razón pero en otras oportunidades  me corregía. Son ideas muy sabias. La sensación es que las tengo dentro de mí ser pero no entiendo como afloran.

-¿Cómo por ejemplo?

- Yo le decía que siempre había cumplido con los rituales, dogmas y ordenanzas de la religión, pero me sentía el mismo de siempre.

- ¿Y que te dijo esa voz misteriosa?

- Qué estaba profundamente equivocado, tenía que esforzarme mucho y llevar una vida espiritual sin dejar de lado mi vida cotidiana.  Si vivo solamente en el plano mental corporal, podré estar muy bien, tener éxitos, dinero, pero limitado en cuanto a la comprensión de la vida en toda su magnitud y nunca tendré un sentimiento que vaya más allá de la relación con seres humanos y las cosas materiales que nos rodean. Eso hará que siempre siga buscando respuestas. Es como tomar agua sin saciar la sed.

-Pero todos vivimos con el cuerpo y la mente, y lo místico se deja para cuando vamos a misa o rezamos. Además, tenemos miles de preguntas sin resolver, llevamos sobre nuestras espaldas un saco enorme de dudas, de cosas que no entendemos ni entenderemos. Mejor aceptar que no tendremos respuestas y vivimos más tranquilos.

-Justamente ahí está el meollo del asunto. Tenemos que tomar una decisión, o queremos saber más o simplemente nos quedamos como somos. Siempre estamos en el plano instintivo-lógico-mental. Esto está muy bien para  resolver el problema económico y el de la interacción social. Pero no es suficiente para obtener un mayor entendimiento de porqué nacemos, vivimos, envejecemos, enfermamos y morimos. ¿Cómo la vez?

- Creo que ahí no estamos de acuerdo. Veo la vida de manera objetiva, vivo de acuerdo a lo que veo, siento. Ahora, buscar el más allá es algo muy complicado. Además,  para eso está la religión. Yo cumplo con sus dogmas y enseñanzas las que me  parecen excelentes, pero dar un paso más allá y convertirme en mística, no me gustaría realmente. Prefiero usar la mente y la lógica a explorar niveles de abstracción que me puede desequilibrar.

-  Ja ja ja ¡estás exagerando! El espíritu es el máximo nivel de conciencia que obtienes en un momento dado que te permite tener una especial forma de vida, y es consecuencia de la coherencia que tienes en tu vida. Sin cuerpo y mente no somos nada; seríamos como una piedra. El espíritu es algo netamente humano.  Es un estado purificado, elevado de la mente que busca lo sobrenatural. Pero de nada serviría estos dos si carecemos de un sentimiento especial hacia la vida. La voluntad y determinación son la empuñadura de la espada; el sentimiento místico es la hoja de la espada.

- ¡Yo no entro en vainas, me gusta seguir la lógica que tengo acá adentro de mi cerebro! ¡No me gusta volar como tú lo haces!

- ¡Para que te cuento! ¡Me ofendes!

- Échame la culpa ahora de tus fantasías.

- Lo dejo ahí no más. Hablemos de cine.

- No seas burlón oye, ¿Qué me crees? ¿Calabacita?

- ¿Será lo que tú dices? Ja ja ja.

- ¡Si sigues así acabarás en un manicomio!

- ¡No importa, al menos los locos me escucharán!

Así Gerónimo se para y se va al baño a tomarse una ducha de agua helada.