viernes, 20 de enero de 2012

La profecía de la desunión

Víctor Mondragón


Aquella mañana era aun fría,  tras los cerros que rodean la ciudad del Cuzco  se levantaba un brillante Sol que secaba el suelo  humedecido por la lluvia del día anterior. Los días previos, unos escolares de un colegio limeño  habían visto grandes obras incaicas y los restos de un formidable desarrollo agrario.

 -¿Cómo fue posible que un reducido número de extranjeros haya podido conquistar tan vasto imperio? –preguntó Sasha.

-Esa pregunta me la han hecho varias veces, por favor siéntense sobre el pasto haciendo un semicírculo –dijo la maestra a sus alumnos tras  detenerse en  la explanada de la fortaleza de Sacsayhuamán.

-Las sociedades del Tahuantinsuyo tuvieron un fuerte influjo mágico religioso  que en el siglo XXI no es concebible; esa cosmovisión influyó en  el gobierno, la política, la agricultura y demás actividades de su vida diaria –añadió la maestra.

-¿Se refiere a que era una sociedad panteísta? -replicó Pamela.

-Lo que les menciono va mucho más allá de lo que piensan -contestó la maestra, abrió una mochila, extrajo algunos libros   y  procedió a contar sucesos que acaecieron antes de la llegada de los conquistadores.

-Aproximadamente en el año mil quinientos, en sus primeros años de reinado,  Huayna Cápac  consultó a los oráculos de Pachacamac y del Rímac acerca de cómo sería su reinado. Las respuestas fueron muy sorprendentes pues le anunciaban que tras el duodécimo inca, el Tahuantinsuyo se desmoronaría y que gente llegada de lejanas tierras cambiarían su religión y los señorearían –dijo la maestra mientras caminaba alrededor de los jóvenes.

-Dos décadas antes de la conquista,  en diversos lugares del Tahuantinsuyo acontecieron sucesos sumamente extraños; cuentan los cronistas  que una vez en la gran Plaza de Aucaypata, mientras el Inca presidía una ceremonia,  vieron que  una anca o águila volaba  perseguida por media docena de halcones o huamanes que por turnos la picoteaban dificultando  su vuelo. La exhausta águila al no poder defenderse cayó en medio de lo que hoy es la Plaza Mayor del Cuzco, unos orejones la acogieron encontrando que estaba enferma, le dieron de comer; pero pese a que le prodigaron cuidados el ave murió a los pocos días. Sorprendido por tal hecho, el Inca convocó a  los  laicas para que descifraran lo acontecido, ellos  coincidieron que pronto habría derramamiento de sangre real, guerras y finalmente la destrucción del Tahuantinsuyo. No era un augurio pasajero, significaba el fin de toda una organización y forma de vida, eso preocupó al  Inca y a la nobleza –prosiguió la maestra.

-Incorpórense, vamos a ver la parte alta de la fortaleza –dijo la maestra mientras pedía a los jóvenes que no se dispersen.

 -Unos años después, en una clara noche hubo otro curioso suceso; la Luna fue rodeada por tres grandes halos concéntricos, el primero era de color sangre, el segundo era de un color negro verdoso y el tercero se diluía lentamente como el humo gris. Tras diversos sacrificios el sumo sacerdote dijo al Inca que era un mensaje de la madre Luna que avisaba que el hacedor del universo, Pachacamac, anunciaba una gran desgracia. El primer cerco significaba la muerte del Inca y un gran derramamiento de sangre en la nobleza. El segundo simbolizaba que lo anterior provocaría la ruina del Tahuantinsuyo y el tercero representaba el desvanecimiento de su sociedad y  religión –añadió la maestra.

-¿De donde ha obtenido esa información? –cuestionó Sasha.

-Los incas no conocieron el alfabeto, sus conocimientos los trasmitieron a través de relatos, lo narrado fue lo que los cronistas de la conquista escrutaron en las entrañas del pasado, en los relatos de los ancianos -respondió la maestra.

-El Inca se negaba a aceptar tales vaticinios y mandó llamar a un famoso adivino de Yauyos quien desconociendo lo anteriormente  dicho, llegó a las mismas conclusiones; por esos días, en las costas del Tahuantinsuyo, terremotos y maremotos vislumbraban ya los gérmenes de la fatalidad. Garcilaso de la Vega narró que tales presagios los escuchó de dos ancianos capitanes de Huayna Cápac, Juan Pechuta  y Chauca Rimache, a quienes según dijo,  se les salían las lágrimas  cuando recordaban esos augurios.    Pese a lo acontecido, el Inca no se desanimó y ordenó ofrecer sacrificios en todos sus dominios pretendiendo cambiar la voluntad de sus dioses; sin embargo las respuestas de los oráculos siguieron siendo  nefastas –dijo la profesora.

Desde lo alto de la fortaleza, los visitantes apreciaron la ciudad del Cuzco, la maestra les explicó que el inca Pachacutec la reconstruyó delineándola como la figura de un puma, la fortaleza de Sacsayhuaman correspondía a la cabeza de dicho felino.

-Otro cronista cuenta que un anciano de nombre Topa Huallpa,   narró que por esos años mientras se celebraba una solemne ceremonia en la plaza de Aucaypata, cayó repentinamente del cielo un  pájaro de muchos colores y nunca antes visto  que levantando la voz dijo claramente: pronto se acabarán  vuestros ritos y ceremonias y habrá otro modo de vivir –añadió la profesora. 

-Si  los incas estuvieron advertidos, ¿cómo fue que los conquistadores los cogieron por sorpresa?- preguntó Sasha con tenue pero insaciable voz. Estaba confundida con las conjeturas que se tejían su mente. La maestra  se apostó frente a sus alumnos.

-Es muy difícil responder aquello, la poca información proviene de los cronistas españoles; sin embargo debe resaltarse que la élite incaica  poseía una organización capaz de identificar la presencia de los europeos desde su arribo a Panamá dado que los comerciantes de Chincha navegaban con frecuencia hasta Centroamérica y además los incas antes de cada conquista infiltraban  espías en los nuevos territorios. De hecho dichos enviados se introdujeron en la actual Colombia y es muy probable que hubieran  sabido lo que ya acontecía en Panamá, al parecer, Huayna Capac tuvo conocimiento de los españoles desde antes de mil quinientos veinte y correlacionó aquello con  la profecía de que el fin del Tahuantinsuyo sería tras el duodécimo inca, es decir tras su reinado  –dijo la profesora.

-No entiendo, ¿nos dice que los incas previamente tuvieron  conocimiento de la llegada de los conquistadores? –preguntó Jorge.

-Los miembros de las panacas, ayllus reales o familias de cada Inca, por ser de la nobleza si accedían a la información pero para las grandes mayorías estos hechos se solían traducir en especulaciones, mitos y leyendas –replicó la maestra  mientras elevaba la mirada y contemplaba el cielo azul.

-Los cronistas cuentan que en la segunda expedición de Pizarro en mil quinientos veintiséis, seis años antes de la captura de Atahualpa, los conquistadores avistaron una balsa de comerciantes tumbesinos con vela y timón  que pesaría más de diez toneladas; de allí cogieron a tres naturales que llevarían a España y posteriormente les servirían de intérpretes. Tras permanecer año y medio en las islas del Gallo y La Gorgona,  mientras navegaban,   se volvieron a encontrar con navegantes tumbesinos y les pidieron que los consideraran como amigos pues decían  ir de parte del dios verdadero. Los sorprendidos naturales  fueron a tierra a decir a su cacique que los españoles eran enviados de dios. El cacique de Tumbes ordenó que les llevaran presentes de pescado, agua y frutas. Luego  un orejón,  delegado inca de la región,  invitó a los navegantes a bajar a tierra y en respuesta le ofrecieron subir a la nave. El noble inca permaneció en el navío desde la mañana hasta el atardecer de aquel día. Pizarro le dio de comer y beber vino; finalmente le regaló un hacha de hierro, unas cuentas de margaritas y tres calcedonias;  para el cacique envió  una puerca, un marrano,  cuatro gallinas y un gallo. Luego Pizarro mandó a tierra a Alonso de Molina y a un negro. A los indios les encantó escuchar el canto del gallo mientras otros naturales asearon  al negro intentando aclarar el color de su piel. Posteriormente Pizarro envió a tierra a Pedro de Candia quien a pedido de los indios  disparó su arcabuz atravesando una tabla. El cacique Chilimasa quedó impresionado y personalmente derramó chicha en la boca del arcabuz humeante mientras le decía: bebe, bebe hijo del trueno –añadió la maestra.

 -¿Estoy confundida, los incas confirmaron   la presencia de los conquistadores cuando aún vivía Huayna Cápac? –preguntó Pamela con la curiosidad práctica con que indagan los adolescentes.

-Efectivamente, aun vivía Huayna Cápac, Pizarro y sus acompañantes navegaron durante tres meses más por la costa norte del Perú hasta el río Santa; por donde iban,  les salían al encuentro balsas con pescado, fruta y otros obsequios, asimismo les invitaban a bajar a tierra. De regreso a Paita, Pizarro, Bartolomé Ruiz y otros españoles desembarcaron aceptando la reiterada invitación de una cacica a quien llamaron la Capullana. Los extranjeros fueron recibidos con gran orden mientras los naturales portaban ramos verdes y espigas de maíz; luego compartieron la comida mientras los indios bailaban y cantaban para ellos. Pizarro agradeció aquellas atenciones  pidiéndoles  que se dejaran de adorar ídolos y les dijo que iban de parte del hacedor del universo. Ofreció llevarles religiosos para que los bautizaran  y les predicaran el evangelio. Luego pidió a los naturales que levantaran la bandera del rey de España y la menearan tres veces; los indios lo hicieron riéndose y burlándose pues entre sí decían  que en el mundo no había rey más poderoso que Huayna Cápac. Finalmente Pizarro regresó a Panamá,  dos españoles se quedaron en Tumbes hasta que Pizarro regresara, aquellos fueron el marinero Ginés y Alonso de Molina. Por su parte, el noble orejón que estuvo entre los españoles, se encaminó presuroso a Quito a fin de informar al Inca todo lo que estaba ocurriendo –narró  la maestra.

-Contando con dicha información, ¿por qué el Inca no actuó inmediatamente? –censuraron concurrentemente varios alumnos.

-Cuenta el cronista Pedro Pizarro que por esos mismos días el famoso dios Apurímac había emitido una funesta profecía: “habéis de saber que viene gente barbuda que os ha de sojuzgar, he querido decir esto para que comáis, bebáis y gastéis todo lo que tengáis, para que cuando aquellos vengan no hallen nada   ni tengáis que les dar” –leyó la maestra en uno de sus libros.

 -Los cronistas también recogieron la versión de que por esos años una mujer tuvo hijos mellizos, siendo uno blanco y otro negro lo cual se interpretó como que pronto llegarían extranjeros con ese color de piel. Pese a todo, el imperio  estaba en su apogeo y unido; era impensable que alguna fuerza extranjera pusiera en peligro al Tahuantinsuyo. Los veloces chasquis informaban por horas  acerca de las visitas de los extraños navegantes que merodeaban por la costa, el Inca  esperaba con sumo interés al orejón que subió al barco español y los tumbesinos que habían interactuado con  los  navegantes. Los súbditos fueron portadores de algunas  baratijas y un raro presente, una cajita conteniendo una mariposa de bronce obsequiada por los españoles,  dialogaron  con el Inca acerca de los extraños visitantes, el soberano ordenó   llevaran a su presencia a los dos españoles que se habían quedado en la costa, lamentablemente éstos acababan de morir  en una disputa entre los tumbesinos y los indios de la isla de Puná,  aquel  hecho mortificó mucho al Inca –dijo la maestra.

Haciendo un alto, los alumnos contemplaron los restos de lo que alguna vez fueron los torreones incas sobre la fortaleza, se estima que tuvieron una altura equivalente a cuatro pisos, los jóvenes miraron con asombro las sólidas bases de piedra perfectamente alineadas.

-En las semanas  posteriores  Huayna Cápac empezó a sentirse enfermo y le aconsejaron bañarse en una laguna mágica pero no surtió efecto, tuvo  severos sarpullidos  e  inflamaciones en la piel. Por esos mismos días se manifestaba una fuerte epidemia a lo largo del Tahuantinsuyo. Aparentemente habría sido la viruela, una enfermedad misteriosa y desconocida trasmitida por los europeos y contagiada a los navegantes tumbesinos y chinchas que eran los comerciantes de mayor actividad naval en el imperio. El rostro del Inca se vio cubierto por pústulas feísimas y  decidió ocultarse en una cueva cerca de Quito, en el pueblo de Pisco, mientras pedía se consultara  la curación en el oráculo de Pachacamac.  Dicho santuario aconsejó sacar  al Inca al aire libre para que recibiese los rayos del sol, pero no mejoró.  Estando el Inca enfermo, sus consejeros hicieron cálculos y le recordaron la profecía del inca Viracocha, su bisabuelo, quien en sueños dijo haber visto al dios Viracocha, creador  de la humanidad y que en tiempos remotos  recorrió el mundo andino haciendo su obra civilizadora hasta llegar a la costa de Manta donde se despidió caminando sobre las aguas y  anunciando que en el futuro enviaría a sus emisarios. Por dicha razón, el  bisabuelo de Huayna Cápac había adoptado ese nombre y había mandado construir un templo con corredores a modo de laberinto donde hoy es el pueblo de San Pedro de Cacha, contenía un altar  con   la imagen que vio en su sueño: un hombre alto y  barbudo. Dicha representación coincidía precisamente con los  navegantes europeos, razón por la cual algunos naturales les llamarían posteriormente Viracochas –narró la maestra aletargando su dicción por el esfuerzo de subir a la mencionada fortaleza.

-Maestra, ¿cree usted en profecías? –preguntó Pamela mientras sus compañeros comentaban entre murmullos.

-La razón, cuyo nombre usurpan los hombres, a veces no nos explica todo, me reservo la respuesta, en todo caso,  lo que les he narrado fue recogido por los cronistas –repitió la maestra con un gesto  disfrazado de sonrisa.

-En una límpida noche Huayna Cápac en compañía de sus sacerdotes contemplaron atónitos un cometa que dejaba una cola verde a su paso y pocos días  después, durante una tormenta, un rayo cayó sobre el alcázar real. Aquello fue definitivo para   los  laicas, la señal se interpretó   como la confirmación de la muerte del Inca. Sobre el imperio se extendieron los rumores de los más negros presagios, a Huayna Cápac le sobrevino tembladeras y fiebre; llamó a sus consejeros y designó como sucesor a su hijo Ninan Cuyuchi,  que por su astucia y sagacidad militar,  consideraba apropiado para lo que se avecinaba –narró la maestra, seguidamente buscó en su mochila una cita de un texto de Garcilaso de la Vega.

“Muchos años ha; y por revelación de nuestro padre el Sol, tenemos que pasados doce reyes,  vendrá gente nueva y no conocida en estas partes; y ganará y sujetará todo el Tahuantinsuyo, a nuestro rey y otros muchos. Yo me sospecho que serán de los que sabemos que han andado por la costa de nuestro mar: será gente valerosa, que en todo os hará ventaja. También sabemos que se cumple en mí el número de los doce incas. Certifico que pocos años después que yo haya ido de vosotros vendrá aquella gente nueva y cumplirá lo que nuestro padre el Sol nos ha dicho, y ganarán el Imperio y serán señores de él. Yo os mando que lo obedezcáis y sirváis como a hombres, que en todo os harán ventaja: que su ley será mejor que la nuestra y sus armas poderosas e invencibles más de las vuestras. Quedaos en paz que yo me voy a descansar con mi padre el Sol que me llama” –leyó la maestra  palabras que el duodécimo inca dijo en su lecho de agonía.

La conversación estaba muy interesante y acababa de llegar el autobús que llevaría a los escolares  a la ciudad del Cuzco. Ordenadamente los jóvenes fueron copando sus asientos.

-¿Nos está contando excusas para justificar la inacción con que se reaccionó ante los invasores? –cuestionó Sasha.

La maestra miró fijamente a todos y cada uno  de sus alumnos, un suave letargo se hizo presente entre ellos hasta que la maestra rompió el tenso silencio.

-Esos mismos relatos desconcertaban  al mestizo Garcilaso de la Vega quien  cuestionó al tío de su madre, hermano de Huayna Cápac,  Garcilaso le llamaba el inca viejo y  había sido testigo de los últimos días del soberano. Al igual que ustedes, el mestizo reprochó la actitud de parte de la nobleza que juzgando que todo esfuerzo sería vano habrían determinado dormir en la resignación. Seguidamente la maestra ubicó un texto de los Comentarios reales de Garcilaso:

-“cuérdome que un día hablando aquel inca viejo, en presencia de mi madre, dando cuenta de estas cosas y de la entrada de los españoles y de cómo ganaron la tierra, le dije: Inca, ¿cómo siendo vosotros tantos y tan belicosos y tan poderosos para ganar y conquistar tantas provincias y reinos ajenos, dejasteis perder tan presto vuestro Imperio y os rendisteis a tan pocos españoles? Para responderme, volvió a repetir el pronóstico acerca de los españoles, que días antes lo había contado, y dijo cómo su Inca les había mandado que los obedeciesen y sirviesen, porque en todo se les aventajarían. Habiendo dicho esto, se volvió a mí con algún enojo de que les hubiese motejado de cobardes y pusilánimes, y respondió a mi pregunta diciendo: estas palabras que nuestro Inca nos dijo, que fueron las últimas que nos habló, fueron más poderosas para nos sujetar y quitar nuestro Imperio, que las armas que tu padre y sus compañeros trajeron a esta tierra” –leyó la maestra añadiendo  que las instrucciones del Inca tenían el nivel de órdenes y como tal debían acatarse. 

Los jóvenes cruzaban miradas entre ellos, no concebían que la inacción fuera una manera apropiada de resistir a la adversidad.

-No creo que lo mejor fue encarar a los extranjeros con resignación –dijo Jorge con voz fuerte, casi gritando.

-Comprendo que el espíritu de vuestra juventud les induce inconformidad y rebeldía, me parece muy bien, permítanme  concluir los relatos: en su lecho de enfermo, el Inca llamó a su sucesor y a sus generales Colla Topa, Hilantunqui y Cuacusi Hualpa, les confió secretamente la forma como se encararía la llegada de los barbudos y les contó lo que le había ocurrido veinte y siete años antes, en los primeros años de su reinado. En Pachacamac le predijeron la ruina del Tahuantinsuyo,  en un atardecer en Chilca, mientras regresaba al Cuzco, el Inca tuvo una visión: miró en lo alto del cielo luces multicolores que se desplazaban a gran velocidad y que luego se detuvieron sobre él mientras una nube lo elevaba al firmamento donde  pudo ver las imágenes de la caída y el resurgir del Tahuantinsuyo. El Inca interpretó que habría desunión  entre sus descendientes por  cientos de años hasta que el mundo se voltearía –respondió la maestra, indiferente al viento que se colaba por las ventanas  del autobús.

-Como dice la Biblia; todo reino dividido será desolado,  dicha desunión fue  la causa de la caída y la postergación de los descendientes de la sociedad incaica, por dicha razón, muchos años antes de su muerte,  Huayna Capac   mandó confeccionar una soga o maroma de oro de  más de ciento cincuenta metros de largo que en las principales festividades en la plaza de Aucaypata, Cuzco,  era cogida simultáneamente por los representantes de todas las provincias del Tahuantinsuyo, era una forma común de solidarizarse con el anhelo  de  unidad. El ancho de la maroma era del grosor de la muñeca de un hombre y brillaba fuertemente bajo la luz del sol.  La mente es porosa para el olvido, temiendo eso, el Inca  también ordenó que  cuando su sucesor asumiera el mando,  adoptara el nombre de Huáscar inca que significa Rey soga, o rey de enlace o unión, pretendía  que su mensaje no lo olviden los días,  que no duerma acostado en la oscuridad.

El sacerdote del Sol, Cusi Topa Yupanqui, realizó la ceremonia de la callpa  para conocer la suerte de sucesores alternos a través del sacrificio de una llama blanca. Lamentablemente las vísceras de todos los auquénidos salían dañadas lo cual era muy mal augurio. A orillas de la desesperación, el sumo sacerdote se acercó al Inca  pidiéndole  que nombrara otro sucesor; pero el soberano ya no se movía, tenía la mirada perdida y agonizaba. Tras unos instantes el gobernante falleció y nadie podría cambiar sus decisiones;  el sucesor que sabía cómo encarar a los extranjeros, Ninan Cuyuchi, moriría  días después bajo la misma enfermedad de su padre. Otros nobles que estuvieron presentes también murieron por la epidemia y  los generales Colla Topa, Hilantunqui y Cuacusi Hualpa que también conocieron como afrontar la llegada de  los extranjeros  serían posteriormente muertos por orden de Topa Cusi Hualpa (1) quien mal aconsejado vio en ellos una infundada conspiración militar. Todo lo sucedido parecía una confabulación urdida por el destino, un sueño sin salida –añadió la maestra.

Luego de media hora de recorrido, el grupo de alumnos y su profesora arribaron a un restaurante a las afueras de la ciudad, lugar donde habían  reservado el almuerzo. El olor a leña aromaba el ambiente y despertaba el hambre entre los alumnos; la maestra explicó a sus discípulos que desde tiempos pre incaicos, los naturales  agradecieron por la lluvia, por el sol que sale cada día, por las cosechas y muchos regalos más que brinda  la creación, indicó que aquello se estaba olvidando. Los comensales, alumnos de un colegio católico,  agradecieron al Altísimo  y seguidamente degustaron diversas variedades de papas horneadas  acompañadas de queso llata,  jugosos y dulces  choclos de grano grande y  cremas de ajíes con maní y hierbas aromáticas. Como siguiente plato consumieron chuño cola que contenía carne hervida con salchichas, papas, arroz y garbanzos. El toque de distinción lo daba la consistencia del chuño diluido que otorgaba un espesado preciso y el uso del utensilio huislla que es una cuchara de palo. El plato de fondo fue ollucos con charqui,  plato de origen pre-incaico donde el sabor de los ollucos es realzado por un agradable jugo de ají panca. Todos los comensales se sintieron orgullosos de degustar platos autóctonos que contenían cierto grado de fusión con los productos que llevaron los europeos. Finalmente pidieron mate de coca para facilitar la digestión. 

El tema tratado en la mañana no estaba agotado, durante la sobremesa, los alumnos comentaban cada cual su parecer, estaban acostumbrados a que la racionalidad prevalezca y se negaban a sucumbir ante el hechizo de  la predestinación. Pese a su juventud, los adolescentes intuían que una característica del fatalismo  es la resignación, una característica que mitiga temores pero  los agrava a la vez.

-¿Nos ha querido decir que la maroma de oro encerraba el mensaje de evitar la desunión en el Tahuantinsuyo? –insinuaron Pamela y Sasha.

-¡Efectivamente!, ese había sido el mensaje secreto de Huayna Cápac,  presagiaba que la desunión de los habitantes del Tahuantinsuyo generaría su caída, aquello no queda ahí pues  dicha desunión sería como una maldición para las generaciones posteriores; los conquistadores se matarían entre ellos y en la época republicana tal  desunión se traduciría en definir erróneamente el problema  del país: para unos, un problema causado por unos cuantos blancos,  para otros, aquí hay mucho indio. Los descendientes convivirían en un clima de sectarismos y egoísmo; sería tanta la desunión que hasta se escucharía  la frase: el peor enemigo de un peruano es otro peruano.

Nadie sabe donde fue a parar dicha maroma, se cree que los sacerdotes incas la escondieron bajo  la laguna Huaypon a tres leguas del Cuzco, otros dicen que está bajo las aguas de una laguna a seis leguas de Potosí, cercano al tambo de Urcos –añadió la maestra.

-¿No será que los conquistadores la fundieron? –preguntó Pamela.

 -Ciertos laicas contemporáneos han vaticinado que está próximo el tiempo del re encuentro de tal maroma. No he pretendido convertir una niebla agitada de profecías en una historia, tampoco embelesarlos con la idea de una excusa,  aprecio que no se dejaran modelar por la arcilla de la predestinación. El mensaje final es que cuando los pueblos andinos recuperen la cohesión perdida,  sus sociedades se levantarán y sus habitantes reconformarán el anhelado esplendor que tuvo el Tahuantinsuyo –concluyó la maestra.



(1)           Topa Cusi Hualpa: nombre original de Huáscar, último inca.

viernes, 6 de enero de 2012

Diálogo místico

Marco Antonio Plaza


Gerónimo últimamente, ya maduro, está desarrollando una habilidad que consiste en comunicarse con su interior pero sin saber si es él mismo, o si se está desdoblando. A veces piensa que tiene conversaciones con Dios pero también presiente que se está convirtiendo en un orate místico. Sin embargo disfruta de estas pláticas misteriosas y le están haciendo mucho bien.

-Sabes que estoy yendo a la misa de las once de la mañana. Siempre voy caminando porque la iglesia queda cerca a mi casa. Así me disipo y reflexiono sobre mi vida espiritual. Recapacito y me pregunto, «¿estoy viviendo intensamente como quisiera?», ¿qué opinas? –le dice a su interior.

-Tú sabrás, no te puedes engañar toda una vida. Tienes varias décadas haciendo lo mismo y ¿acaso no te das cuenta todavía si lo que haces es suficiente para acercarte a la verdad?, ¡porque ni se te ocurra que solamente cumpliendo con los dogmas de tu religión vas a iluminarte!

-No, no sé la verdad, dudo mucho. A veces sí estoy plenamente consciente como si recibiera una luz intensa que me hace ver todo de manera muy clara. En esos momentos tengo un sentimiento místico indescriptible, creo en lo sobrenatural como en mí mismo. Pero hay periodos largos en que me vuelvo muy terrenal y actúo como un androide cumpliendo rutinas, exigencias, me paso la vida obedeciendo a otros, ¿no será que me he bloqueado?

-Sí, estás desconectado con tú interior, existe una especie de muro de contención entre tu mente y espíritu.

-¿Y por qué?

-Esa no es la pregunta correcta amigo, nadie te lo ha colocado, tú mismo lo fuiste construyendo cual obrero de construcción, ladrillo por ladrillo. Dejaste de interiorizar. Te  dividiste en dos, el espiritual, por momentitos, y el mundano, la mayor parte del tiempo. Debes vivir con un mayor nivel de conciencia pensando que eres más que un cuerpo y una mente. Con ésta razonas y lo haces muy bien, pero no necesariamente te elevas en el nivel religioso. Inclusive puede ser al revés, es decir, tú mente te puede volver agnóstico y hasta ateo ya que dudas de todo.

-¿Cómo es eso?

- Mira, tu mente es preciosa, te ayuda a comprender el mundo en el que vives, donde existen leyes, principios físicos, el espacio, el tiempo. Y es por este motivo que aprendes a dudar de todo y así adquieres conocimiento que te beneficia.

-¡Sigue!

-Tú mente te permite ser racional, tener una  lógica y ser científico.  Pero en el nivel espiritual es diferente, pues se trata de un estado de conciencia más elevado, un sentimiento más allá de lo humano sin dejar de serlo. La mente analiza e investiga. El espíritu comprende y siente por qué vives. Como ves amigo, todos tus componentes juegan un gran papel, se complementan, se ayudan. Uno sirve al otro. Pero si no te esfuerzas, todos se separan y cada cual por su lado. Recuerda que estamos pisando tierra y no somos ángeles.  

- Es cierto, el nivel espiritual es un sentimiento hacia lo sobrenatural y no un razonamiento. Me parece que amar la vida y a la humanidad sin distinciones ni condiciones es una manifestación típica de que te estás elevando en consciencia. El espíritu es un refinamiento de la mente.

-Entonces tú ya entendías de esto. Creo que tienes algo guardado en tu cerebro pero lo escondes temeroso que salga a la luz. ¿Y por qué? Porque aceptarlo y ponerlo en práctica requiere una lucha interna. Sabías que esto te llevaría algún día a una crisis existencial, solo lo dejaste para después, pero, no todo es negativo en ti mi amigo. No te sientas tan mal. Peor sería que ni siquiera te hayas dado cuenta. ¿Qué opinas?  

- De acuerdo. Reconozco que tengo que ser valiente para vivir intensamente mi fe en lo sobrenatural y relacionarla con mis actividades cotidianas. Eso es lo más difícil. Es como nadar contra la corriente porque el cuerpo y la mente piden lo suyo. El mundo nos distrae.

- Ese es el meollo amigo, unir, no separar. Tres en uno.

-¿Algo así como la divina trinidad?

- Nos seas graciosito, primero soluciona tú problema interno. Ni siquiera te conoces y ya quieres saber de temas para los cuales tus neuronas no están preparadas ja ja ja.

- Está bien. Te quiero contar una experiencia que tuve hace una semana en este mismo lugar, ¿qué te parece si te voy preguntando algunas cosas y me vas respondiendo?, porque la verdad es que ahora mismo tengo más dudas que antes. Necesito que me orientes. Así nuestro diálogo se hace más ameno, más productivo y porque no decirlo, divertido, ¿estás de acuerdo? Habla.

- ¡No te exaltes!, para eso estoy disponible las veinticuatro horas  del día.

- Bueno, el último domingo cuando me dirigía a la iglesia me percaté de un hermoso jardín rodeado de unos edificios. Me pareció extraño que nunca le haya prestado atención a pesar que durante años pasé  tan cerca. ¿Qué opinas de esa apatía?

-Nunca la tuviste, siempre fuiste amante de la naturaleza, disfrutabas en el campo viviendo aventuras a plena luz del día. Pasabas horas de horas jugando con las olas. Reflexionabas con tu hermano y con tu padre cuando apenas tenías dieciséis años y estabas iniciando tus estudios universitarios. Hacías preguntas muy interesantes y ellos  contestaban desde su perspectiva. Todas estas vivencias las fuiste abandonando poco a poco. Y en los últimos años recién estás reaccionando.

-Pero, ¿que me pasó entonces?, ¿me transformé en una persona sin sensibilidad?

- En parte, cómo dije antes, te hundiste en el mundo concreto, dedicaste horas de horas al trabajo, disfrutaste de la vida social al extremo de verla como algo muy importante, deseaste y conseguiste dinero, y abandonaste lo que siempre te gustaba, reflexionar en temas de la vida, salir de la ciudad, alejarte del mundanal ruido y sentir tu interioridad. Cambiaste tu manera de pensar, porque decías que meditar sobre la existencia humana era pérdida de tiempo, que solamente se deben hacer cosas que te ayuden a producir dinero, ganar posición, tener más conocimiento, ser reconocido, ser famoso. En síntesis, tú creaste un mundo solamente racional de esas características y ahora no sabes cómo salirte de él.

-Cierto, yo mismo me alejé, ¡qué bárbaro!, ¿cómo pudo ser esto posible?

- ¡Estabas ensimismado con tus quehaceres cotidianos! Veías  siempre lo mismo, pero el espíritu estaba escondido, dormido. Y cuando esto sucede, la sensibilidad se convierte en dureza, en piedra, en practicidad.

-Eso es lo que me pasó durante meses de meses, caí en un pozo sin fondo escogí un camino sin rumbo pero estoy a tiempo de reaccionar tengo que cambiar y ver la vida desde otro punto de vista.

-Así es. Estás a tiempo. Sí puedes.

-¡Pero siempre he querido ser místico! ¡He escuchado con atención los sermones dominicales, he leído el evangelio varias veces! ¿Qué me falta entonces?

- Solamente te concentrabas cuando te hablaban cuando leías y cumplías los dogmas, entonces, ¿cómo vas a entender el sentimiento de la vida si solamente dependes de las alegrías y de los sufrimientos de este mundo? Tuviste una actitud sumamente pasiva, pensabas que todo te llegaría fácilmente.

- ¡Cómo te gusta torturarme!, pero sigue, soy masoquista quiero que me orientes.

-Mi querido amigo tienes que crear las condiciones para que liberes la gran energía que tienes dentro de ti y muestra de ello será la tolerancia y compasión que tendrás hacia tus semejantes. Solamente así te sentirás unido con lo sobrenatural, que es inexplicable para la mente humana. Se siente pero no se entiende. Abre las puertas de tu corazón, necesitas mucha actitud y esfuerzo.

-¡Está claro!, el secreto es desprenderse de sí mismo.

- ¡Es correcto!

-¡Lo Intentaré! Como te seguía contando respecto a mi experiencia en esa especie de pedacito de cielo, sigo sorprendido. Me parece que esta vez estuve más sensible que de ordinario, pues, no sé cómo fui estimulado para disfrutar de la pequeña floresta de una manera tan casual y espontánea. ¿Será que estoy uniendo lo que tú tanto me dices?

- Todavía, toma tiempo, pero has dado un primer paso, ya estás escuchándote a ti mismo.

- Pero sólo es un cuestionamiento como siempre fue, ahora sí quiero comprender, pues, ya decidí cambiar y esta vez para siempre. Retroceder nunca jamás.

-Así se empieza elevando tu nivel de consciencia, estar despierto, atento con todos los sentidos vivos sin estar dominado por emociones, instintos, placeres, éxitos, fracasos, alegrías, penas y libre de adicciones. Es un ejercicio constante tienes que grabar en tu mente la información que necesitas para ir elevándote. Pero si sigues dudando no avanzas amigo pasan los años y hasta puedes retroceder.

-Tú lo dices pero no es fácil, ¿cómo deshacerme del mundo donde vivo, duermo, sueño, rio y lloro?

- No tienes que deshacerte de nada ni patear el tablero. Has estado actuando bien pero concentrado en lo mundano tan solo. La materia te ganó. Voltea el partido. Tú mundo tiene que seguir, pero no excluir al espíritu, ¡entiende por favor!, ¡no insistas en separarte!, ¡intenta!, ¡lucha!, ¡conviértete en uno solo!

-¡Qué difícil, déjame que te siga contando  mi experiencia mística en el jardín!

-Siempre te escucho aun cuando duermes.

- Entonces decidí introducirme en éste, cual niño de diez años, pasear y recorrerlo totalmente. Una vez  confundido entre los árboles sentí que absorbía su sabia y rebosaba de sabiduría natural. Me acerqué  a uno de éstos maravillándome como las aves silbaban como queriéndome decir que se sentían alegres.

-Al fin sientes a la naturaleza como debe ser, ¿cuánto tiempo has pasado viendo tan solo   carros, edificios, libros, veredas, ropa, mesas, sillas y otras cosas?, ¡continua!

 -En medio de una emoción sin par toqué un árbol que estaba a mi costado con mis dos manos sentí su calor y energía cómo si me estuviese diciendo algo simplemente vivía  había echado raíces profundas se identificaba con la tierra  era feliz  sentí en mi interior una paz increíble  nunca antes experimentada palpé algunas de sus ramas olfateé su rica fragancia. ¿Es normal esto?

- Por supuesto. El amigo árbol nunca te falla porque vive intensamente y te transmite su energía su tranquilidad su paz que tú amigo no tienes en medio de una selva de cemento.

-En verdad todo el jardín tenía un aroma a campo dentro de la ciudad esto es lo que lo hacía maravilloso era un pedacito de cielo en medio de los monumentos de piedras y fierro en este pequeño oasis me escapaba del bullicioso mundo  escuchando el canto de las aves apreciando el fresco soplido del viento trayendo un riquísimo aroma natural e irresistible disfrutaba del hermoso colorido verde de la vegetación con su característico  efecto tranquilizador.

-¡Sigue, no te detengas!  

- Ese mundo estaba en mi interior me sentí  vivo sin penas ni alegrías me eché en el pasto de espaldas con los brazos extendidos las palmas en contacto con el césped oí  lo que me decía la tierra mientras vi las ramas de los árboles escuchando el oscilante sonido que produce el viento percibí la vibración de la tierra a través de mis manos me confundí con la naturaleza estaba embelesado con esta sorprendente experiencia todo estaba unido al fin.

-¡Qué bien!, ¡te felicito!  Estás en armonía con la madre naturaleza y con tú interior donde no existe la materia ni el espacio menos el tiempo y solo vives el presente. Y todo esto lo hiciste sin abandonar tu mundo. Ya no te partes en tres. Sigue así mi buen amigo. No olvides que has dado un gran paso y te faltan muchos pero así se inicia el camino a la libertad espiritual.

Luego Gerónimo deja de conversar con su interior y sigue su camino a misa con la ilusión de volver luego a casa y contarle a su esposa e hija.

Gelatinas y pepinos a las tres de la mañana

Ricardo Ormeño Valdizan


                       Unos aparentes gritos y lamentos se oyen a cierta distancia, sin embargo Jorge no les da la importancia que se merecen, simplemente se encuentra fascinado, extasiado, realmente emocionado por estar allí; a su lado se encuentra César uno de sus entrañables amigos de la infancia y de todas las travesuras y aventuras que uno se pueda imaginar.

-¡César!… ¡César!… ¡por fin lo logramos, estamos aquí, es real! –expresa Jorge casi eufórico cogiéndose sus muslos intentando luego dar unas pequeñas palmadas en la espalda a su rollizo acompañante sin siquiera mirarle la cara, que más bien es lo último que le interesa en ese momento, tan sólo procura alcanzarlo estirando completamente su brazo derecho como pretendiendo inconscientemente abrazarlo, pero eso no es relevante, concentrarse al máximo y poder deleitarse con el escenario dentro del cual se localizan es su objetivo; Jorge percibe un gran ventanal detrás de ellos a través del cual se puede observar con mucha nitidez un cielo espectacularmente estrellado con la especial sensación de aquella singular, sutil y constante brisa en sus rostros al no existir ninguna luna de vidrio o ventana propiamente dicha. Todo el ambiente es de paredes de piedra acompañada de una iluminación muy sui géneris, Jorge no puede determinar realmente de donde proviene la luz pero tampoco le importa mucho simplemente anima a su pareja de aventuras a dar un paseo rápidamente por el lugar; desplazándose por aquellos peculiares pasillos sin evitar sentir un ligero temor mientras avanzan por los empedrados corredores.

-¡César….estos son calabozos…mira esas celdas…me parece que hay personas allí quejándose! –expresa con sorpresa pero con entusiasmada voz mientras deambulan por los misteriosos pasajes, donde segundos más tarde, un corpulento individuo de rudas facciones y vestido con un chaleco de aparente cuero de color marrón oscuro algo deteriorado, pasa al lado de los jóvenes sin mirarlos encaminándose hacia las toscas rejas de metal de la última celda del corredor cogiéndolas con sus gruesas manos dando la impresión que desea dirigirse a alguien que los aventureros  no logran ver.
                           El tenebroso escenario empieza a desvanecerse rápidamente, Jorge siente que la brisa que acaricia su rostro se torna más fría. Por un par de segundos todo se oscurece y ante su asombro, se encuentra ahora sentado a la cabeza de una larga mesa de mantel blanco, César se localiza a su derecha, inerte, con los ojos cerrados.

-¡Está como dormido! ahora entiendo que no me haya dicho nada… prácticamente he tenido que jalarlo para recorrer los pasajes de las celdas –piensa Frías mientras observa que en la amplia mesa se encuentran sentadas seis o siete personas más, todos con túnicas blancas, de pieles bronceadas, barbas, cabellos canos y largos, con serias y a su vez apacibles miradas pero  ninguna dirigida hacia Jorge. Un individuo vestido de oscuro se acerca a su izquierda. No vayas a preguntar mucho o mejor nada, pueden percibirlo como una falta de respeto, recuérdalo.

-¿Dónde estamos? –pregunta Frías al joven y singular personaje de negro al percatarse que dicha mesa se ubica suspendida en el aire sobre la acera de una gran avenida de apariencia comercial y moderna que no logra reconocer, contrastando con la conservadora y tal vez antigua decoración del ambiente donde se halla sentado, obteniendo de aquel desconocido sujeto, sólo una sonrisa pero ninguna respuesta.  Ante tal silencio, Jorge concentra su mirada en las inmensas masas de gelatinas colocadas sobre soportes metálicos figuradamente de plata imitando a las grandes tortas utilizadas en los onomásticos, todas ellas rodeadas de diversas bandejas del mismo material conteniendo innumerables rodajas de algo semejante a blancos pepinillos; Frías  no intuye nada y dirige su mirada nuevamente hacia aquella persona erguida a su siniestra como fungiendo de mozo en algún lujoso pero ajeno restaurante.

-Debe comer, necesita energía  -acota el supuesto servidor ante el asombro de Jorge al haberle dirigido la palabra. No hables mucho por favor, no preguntes.

-¿Por qué debo comer? son sólo gelatinas y pepinos –cuestiona Frías menospreciando el ágape.

-El viaje es largo y necesita mucha energía –afirma el enigmático individuo- es hora y media de recorrido … usted despertará a las tres… -sugiriendo a Jorge de manera entrecortada ingerir esos insólitos pepinillos que al llegar a su boca experimenta una vez más el frígido pero tenue viento mientras la atmósfera comienza nuevamente a ensombrecerse. Jorge despierta en su cama donde no se había recostado sino literalmente desfallecido casi vertiginosamente luego de regresar de una reunión con sus amigos de la universidad; se encuentra agotado, exhausto a pesar de sus dieciocho años de edad y en su mente sólo mantiene la fija idea de las tres de la mañana.

-Debo ver mi reloj me dijeron que despertaría a las tres…maldición creo que lo dejé en el piso, me pesa todo pero debo encontrarlo –medita el muchacho mientras lucha por hacer un esfuerzo en buscar a ciegas su reloj de pulsera girando su cuerpo hacia la izquierda hasta quedar boca abajo alargando su brazo derecho y moviéndolo de lado a lado para poder ubicarlo.

-¡Luz!… ¡Luz!… necesito la lámpara de la mesa de noche…vaya por fin el interruptor del demonio… ¡diablos son las tres de la mañana como me dijeron!… ¡desperté a las tres de la mañana! …¡esto es increíble! –concluye el joven estudiante sin hacer el menor ruido para no interrumpir el sueño de su hermano que dormía plácidamente en la cama adjunta y con quien compartía la habitación hacía muchos años. Tranquilo Jorge trata de descansar y mañana estudiarás mejor tu experiencia, no te olvides que has tomado licor en la reunión y tus apreciaciones pueden ser apresuradas y ligeras.

-¡César! debo llamarlo… pero es muy tarde…sé que se despertaría,  pero… ¿Si su papá o su mamá contestan el teléfono y no él? –se pregunta varias veces hasta abandonar la idea y tomar el ahora difícil camino para conciliar el sueño.



                                     Bien Melchor creo que ya voy a terminar de curarte, cada día estás mejor, realmente tuviste mucha suerte, pintar las paredes del sótano de un gran barco y que tu compañero encienda un soplete…no lo entiendo –comenta el doctor Frías a su paciente con grandes quemaduras mientras le realiza la curación.

-La verdad nunca lo habíamos hecho, él arreglaba lo suyo y yo me limitaba a pintar las paredes del almacén del sótano pero tomando mi distancia…no cerca, nunca pensé que esas pinturas botaran gases inflamables y con el ambiente enteramente cerrado… –explicaba Melchor al doctor.

-Sí, fue trágico y muy  lamentable que tu compañero falleciera sin embargo me alegro que te encuentres mejor, eres muy valiente Melchor, te felicito por ello –comenta el médico a su paciente tratando de estimularlo, motivarlo para seguir adelante y terminar de saltar el obstáculo que significan las quemaduras de segundo y tercer grado en porcentajes importantes.



                                  El aventurero soñador se alza muy temprano, apenas durmió unas pocas horas y de manera interrumpida lo que origina que sus condiciones físicas se vean mermadas, sin embargo lo primero que decide es precipitarse hacia el teléfono y realizar la llamada que ambicionó durante la madrugada. César es quien responde. Sin dudarlo, Jorge le propone visitarlo en su casa y dialogar un poco, total es domingo y al parecer no hay programa alguno salvo tratar de curar la clásica resaca estudiantil.

-¡César, que tal!  ¿Cómo estás?... ¡medio dormido al parecer! –saluda alegremente el contemplativo joven tratando de ocultar el poco descanso que tuvo la noche anterior.

-Bien, dormí temprano y plácidamente no como tú que veo que anoche estuviste de juerga o algo así –comenta su eterno compañero de aventuras observándolo sesgadamente mientras enciende su primer cigarrillo del día invitando a su vez al ansioso visitante a servirse un café.

-¡Dime César! ¿Dormiste bien ayer, soñaste algo especial anoche? –pregunta el futuro facultativo con  insistencia y a su vez cierta incomodidad.

-Sí muy bien, como te digo dormí plácidamente y no recuerdo nada especial, sólo soñé por un rato que me encontraba en un inmenso jardín y absolutamente tranquilo –comenta César sosegado disfrutando del aroma de su café y de las bocanadas de humo producidas con su cigarrillo, hábitos que junto con la lectura del periódico lo habían hecho merecedor al apodo de… La Vieja.

-¿No soñaste con calabozos, mesas de comida, monjes o que se yo? –pregunta el joven Frías mostrando cierta angustia e inquietud por oír alguna respuesta que se relacione con su extraña experiencia.

-No, como te digo sólo recuerdo un placentero sueño y nada más –responde el fiel compañero, pausado y con total seguridad.

-¡Bueno, entonces te voy a decir lo que me sucedió anoche! –interviene el aspirante a galeno acomodándose en el sofá, e iniciando la afanosa narración de lo acontecido unas cuantas horas atrás.



                                   Bien, creo que basta de crema, vamos a vendarte y así habremos concluido con tu curación de hoy –afirma el doctor Frías alborozado observando que el pobre Melchor evoluciona favorablemente, habiéndose salvado no sólo del voraz incendio en aquel almacén del barco mercante donde intentaba ganarse la vida haciendo lo único que aparentemente sabía…pintar, sino también de haber sorteado la muerte por segunda vez al haber reaccionado favorablemente a las maniobras de resucitación tras el paro cardiaco sufrido en la sala de operaciones mientras se intentaba en él una limpieza quirúrgica de emergencia a los dos días de su hospitalización; su corazón efectivamente se detuvo sin embargo una vez recuperado su habitual ritmo, la decisión de los cirujanos fue la de continuar con el acto quirúrgico y salvar la vida nuevamente del humilde desdichado. El doctor Frías, todos los médicos e incluso las enfermeras responsables del infeliz pintor de paredes, habían decidido no mencionarle este suceso para no aumentar su angustia y tensión emocional, Melchor estaba luchando y lo hacía bien, así que todos resolvieron que aquel penoso suceso acontecido en el quirófano se lo harían saber una vez se encuentre totalmente recuperado.

-Gracias por atenderme, en realidad les agradezco a todos aquí, sólo que usted hace entretenida la curación, con cada historia que me cuenta… –expresa muy cariñosamente el sufrido pintor a su médico preferido  mientras éste se halla concentrado en terminar de vendarle las extremidades.



                                  Jorge se encuentra a punto de terminar la historia cuando abruptamente es interrumpido…

-Un momento, quieres decir que en tu sueño ¿Yo me encontraba medio dormido como sonámbulo y no veía ni participaba de nada?  -preguntaba César mientras agota su tercer cigarrillo de la mañana.

-Sí, estabas y como si no estuvieras –continúa el potencial cirujano siendo detenido nuevamente por su camarada.

-Ahora entiendo lo extraño de todo esto, mientras tú recorrías todos esos lugares, yo me encontraba en un inmenso y tranquilo jardín, es decir te acompañé pero no estuve allí –comenta César tratando de llegar a una inteligente y profunda conclusión.

-Sí he pensado en ello, creo que te pusieron para darme valor o confianza en seguir y nada más… sin embargo no hay manera de comprobarlo –interviene el aprendiz de medicina estirando las piernas sobre el mueble haciendo un gesto de disgusto por las suspensiones sufridas.

-¡Espera, ahora que recuerdo, cuando dijiste las tres!...recuerdo que abrí los ojos a eso de las seis de la mañana… tome un sorbo de agua y traté de seguir durmiendo pero no sé por qué  cogí el reloj y me parece, ¡me parece!... –César abandona la sala súbitamente, sube las escaleras y entra a su habitación como un rayo, de igual manera baja hacia Jorge.

-¿Qué pasa, qué traes? – pregunta con suma angustia el flamante y lozano universitario levantándose bruscamente del sillón.

-¡Mi reloj!… ¡se detuvo anoche a las tres!... ¡esto es casi imposible!... ¡me lo regaló mi papá y nunca ha fallado en tantos años!… ¡maldición que coincidencia…diablos! ¿Qué has hecho Jorge? –mira asustado su reloj el tembloroso socio de Frías, colocándolo en la mesa delicadamente como si se tratara de material explosivo tratando inmediatamente de encender su cuarto cigarrillo sin poder hacerlo.



                                  Terminamos mi querido amigo, basta por hoy –concluye el galeno mientras se retira el par de guantes estériles que utilizó para la atención de Melchor.

-Vaya historia, la vida tiene cosas extrañas…muy extrañas mi querido doctor –expresa pensativo el desdichado y estoico paciente como queriendo recordar o animarse a decir algo.

-Así es Melchor por eso a veces trato de olvidar o no hacer caso a todo lo que nos sucede de manera sorprendente, para no detenerme a pensar en lo que nunca resolveré y aprovechar el tiempo para temas que sí sé que puedo resolver, como curarte por ejemplo –acota el cirujano.

-Creo que le tiene miedo a lo desconocido doctorcito por eso no quiere meterse en esas cosas raras, pero no debería tenerlo todas las experiencias de la vida son por algo –afirma el desventurado personaje mirando con detenimiento al cirujano.

-Bueno Melchor creo que ya no estamos hablando sino filosofando sobre la vida el mundo y que se yo, mejor me voy que tengo que seguir atendiendo a otros pacientes, ya mañana te contaré otra historia –promete el facultativo, expresando una sonrisa de satisfacción al ver a su paciente bastante animado a pesar de su desgracia.

-Bien doctor como usted guste, pero sólo le pido un favor… ¿Puedo hacerle una pregunta? –interviene el infortunado con la mirada fija en el inquieto Frías.

-Como no, Melchor pregunta lo que gustes –responde Jorge mientras se retira el mandil.

-Cuando se encontraba sentado en la mesa y le dicen que coma… ¿Comió los pepinos? –pregunta el desventurado enfermo cogiéndole la muñeca a Jorge Frías sin poder ejercer una vigorosa  presión debido a sus lesiones.

-¡Sí, claro… las comí! –responde el médico haciendo un gesto de preocupación ante la actitud de su paciente.

-¿Eran como jebe?… ¿Se estiraban al querer morderlas?... ¡como algo elástico! –se preguntaba y afirmaba a la vez el pobre infeliz soltando la muñeca del doctor lentamente y llevando su mirada hacia la pared.

-¡Sí…eran así!... ¿Cómo lo sabes Melchor? –pregunta ahora completamente desconcertado el aún joven cirujano mientras busca con desasosiego  la mirada de su paciente esperando una pronta respuesta.

-Doctor un sueño así… ¡Lo tuve!… durante la operación… el día que usted me llevó a sala de operaciones… yo también comí esos pepinos.