Mizards Seta
España 1390, D.C
Demetrius recorría las habitaciones con
pasos largos e impacientes. Dejar salir sola a Jimena en su primera cacería ya
no le parecía una decisión sensata. Comenzaba a sentir inquietud, y ¿si la hubiera
atrapado algún cazador? Había escuchado rumores sobre el regreso de aquellos perseguidores
de siempre, los sabios de Atenas, pero solo eran eso, rumores. Nuevamente
sucedía todo mal, él quería recuperar el amor de Adara o Jimena o como fuera
que se llamara ahora.
-
Ya está por amanecer y no vuelve,
la voy a buscar –dijo Demetrius más para sí que para sus amantes.
-
No vas a ir –respondió Achlys
enfrentándolo espada en mano.
-
¿De dónde sacaste eso? ¿Crees que
la puedes ayudar a escapar?
-
No lo creo, ya lo hice y no te
dejaré que la busques, es lo menos que le debo por el sufrimiento al que ha
sido sometida junto a Evan a través de estos siglos.
-
No importa lo que hagas, yo
siempre la amaré y tarde o temprano será mía –gritó iracundo lanzándose sobre
la mujer.
-
Eso no es amor, es obsesión, si
fuera amor te preocuparía que fuera
feliz sin importar con quien –gritó ella atravesándole el abdomen con la espada
cuando el cielo comenzaba a clarear- este mensaje te lo envían los sabios de
Atenas, vienen por todos nosotros.
-
Tú no eres más que una pobre mujer
mal amada –dijo con desprecio el hombre, apretando el cuello de la mujer.
-
Haz conmigo lo que quieras, pero
déjalos en paz –respondió Achlys al saberse perdida, justo antes que quien
había sido el gran amor de su vida, arrancara su corazón palpitante del pecho.
En cuanto llegó la noche Demetrius salió en
busca de Jimena, sin embargo, no sabía dónde dirigirse, no tenía acceso a los
pensamientos de Jimena. Aquella traidora de Achlys lo había hecho caer en su
truco, le había arrancado la vida demasiado rápido sin saber si la desdichada
en persona había hecho contacto con los sabios o en cuanto tiempo estarían por
ahí, pero qué importaba siempre los había evadido con suerte, además la noche
era corta para pensar en algo que posiblemente era otro albur de Achlys, no
tendría el valor de ir por esos cazadores y si lo hubiera hecho no habría
regresado "viva". Pronto amanecería así que se guió por su instinto,
buscándola, pero no la encontró, su presencia se había borrado de la faz de la
tierra. Ahora tendría que esperar la próxima reencarnación, ¿hacía cuánto que
aquella persecución había empezado?, ¿cuándo terminaría?, ¿cuándo Adara se
sometería a su voluntad como debió ser desde un principio?
Grecia, 760 A.C.
Aethos había nacido como tercer hijo de una
gran familia de Atenas. Siendo aún joven fue a Esparta y se estableció allí.
Con su inteligencia y habilidad para los negocios, en pocos años convirtió en
fortuna el pequeño préstamo que su hermano mayor le había hecho para iniciar
esta aventura, allí conoció a Eustace y Zorba, con quienes hizo amistad de
fuertes lazos. En el momento en que el tiempo de buscar esposa llegó de acuerdo
a las costumbres de su ciudad natal, aunque muy tardíamente para el lugar donde
decidió vivir, encomendó a su hermano que le buscara una esposa. Una vez que
todo estuvo listo volvió a la bella Atenas para contraer matrimonio, las
costumbres espartanas de matrimonio y las libertades que tenían sus mujeres no
eran de su agrado, aquello de no negociar un hédna y que sus mujeres pudieran
elegir su esposo sin pensar en el bienestar de su familia le resultaba un mal
negocio.
Al nacer su primera hija, Aethos la ofreció como esposa para el
primogénito de uno de sus mejores amigos de acuerdo a las costumbres atenienses.
Para Eustace no fue en principio una gran idea, pero al ver a la recién nacida hermosa, alegre y saludable,
pensó que una pequeña inversión para tener nietos robustos y buenos guerreros para
Esparta no era del todo malo y aceptó la propuesta comprometiendo a su
primogénito Demetrius. De esta forma las
nobles familias de Aethos de Atenas, y Eustace de Esparta habían comprometido
la unión de ambas familias y para buena fortuna de Aethos esto sería de gran
ayuda, puesto que en su pensamiento ateniense, la mala suerte lo seguía ya que
su descendencia solo era femenina tanto en su esposa como en sus concubinas. Llegó
a creer que era algún tipo de maldición, pero con el contrato realizado era
seguro que la familia de Eustace cuidara de la suya cuando él muriera.
Por esa época la vida era hermosa y digna de
ser vivida, pero Tyche, la diosa de la fortuna, le dio la espalda a Eustace,
murió un par de años después en un trágico naufragio junto a su esposa. Para
ese entonces el joven Demetrius destacaba como guerrero, y siendo el mayor de
los hermanos se consideró listo para tomar el gobierno de la familia,
incluyendo los arreglos de su matrimonio ateniense, como lo llamaba él, cuando
llegara el momento.
Demetrius había destacado en las últimas
guerras entre polis, era un hombre que había nacido con buena estrella a pesar
de la pérdida de sus padres, era un buen líder para su familia y siempre
conseguía lo que deseaba. Para quienes lo conocían por sus hazañas era un
hombre ejemplar, para quienes lo conocían cercanamente dentro del hogar era un
chico caprichosos, acostumbrado a hacer su voluntad, ya que a la fecha no se
había encontrado con nadie que lo pusiera en su lugar de forma que aprendiera
que en la vida no era posible tener todo lo que se deseaba sin pagar un costo
por ello.
Aethos al ser padre por segunda vez de una
niña, hizo el mismo trato con Zorba que también aceptó de buena gana y su
primogénito Therin fue comprometido con Adara, una bebé mucho más bella y vigorosa
que su hermana mayor.
Demetrius y Therin tenía aproximadamente la
misma edad, al igual que sus padres era amigos, pero a diferencia de estos también
eran adversarios. Desde que se conocían competían por todo y la última vez su
amigo lo había derrotado en la subasta de esclavas, un par de gemelas preciosas.
Demetrius se sintió ofendido en su ego con las burlas de su amigo y comenzó a
cavilar cómo vencerlo de forma más aguda para que no volviera a intentar imponerse
en nada.
A diferencia de sus otros amigos que ya eran
padres, ellos debieron esperar a que sus prometidas alcanzaran la edad de
convertirse en esposas, y mientras el tiempo llegaba el joven orgulloso y
caprichoso no demostró ningún interés en ver o saber algo de su futura esposa,
aunque esta ya lo había visto en los campos de entrenamiento y estaba
perdidamente enamorada de él. Pero la diosa de la fortuna le sonrió como
siempre y le trajo una oportunidad para tomar la revancha cuando el mismo
Therin le relató que desde que Adara había ingresado a la thiasa1, él
la había ido a conocer para saber si su padre exageraba. Era una niña preciosa,
excelente gimnasta, tenía una voz adorable y ahora se había convertido en la
mujer más hermosa de Grecia, la misma Afrodita nacida mortal y poseedora de la
destreza de Atenea.
La curiosidad de Demetrius que hasta
entonces había permanecido dormida, fue estimulada al grado que decidió ir a
visitar la thiasa en que estudiaban Achlys y Adara. Tal como su futuro suegro
le había comentado en alguna oportunidad, Achlys era dueña de gran belleza, fortaleza
y modestia, ya había florecido y daría hijos fuertes, pero su hermana la
opacaba, era bella como la misma Afrodita, atlética y resistente en las
carreras, estaba hecha para traer hijos sanos, fuertes y bellos, su amigo de
infancia estaba a punto de ganarle otra partida, pero no lo permitiría.
Demetrius decidió ir a conversar con su
futuro suegro con el pretexto de disponer la fecha de la boda, pidió conocer a
la que sería su esposa y a la que sería esposa de su amigo. Tras ser
presentados, las jóvenes se retiraron a sus quehaceres, Achlys quedó aún más maravillada
con la belleza y gallardía de quien sería su esposo, sintiéndose aún más
enamorada del hombre que desde entonces no se alejaría jamás de sus
pensamientos ni de su corazón. Adara aún era joven y para ella lo más
sobresaliente de aquella presentación fue el hermoso acabado de la armadura del
que sería esposo de su hermana, hubiera deseado nacer hombre para tener una
vida de aventura como la que debía llevar él.
Tras aquella presentación, Demetrius hizo su
jugada, pidió a su futuro suegro cambiar el contrató y que Adara fuera su
esposa cuando llegara el momento. Aethos quedó impresionado por tal propuesta,
le explicó que su segunda hija estaba prometida para la familia de Zorva, pero
el hombre no cedió, él deseaba que Adara fuera su esposa, quitarle el premio a
su amigo y ganarle esta partida sería un buen escarmiento, su camarada podía
quedarse con Achlys. Su futuro suegro se negó, incluso pareció ofendido, pero
el joven guerrero conocía su punto débil y le hizo un ofrecimiento que no podía
rechazar tres veces la hédna4 de Achlys y un lugar en el consejo de ancianos
como representante de la familia de Demetrius, Aethos era un hombre ambicioso y
aceptó.
El problema entre las familias se vino
rápidamente encima de Aethos, pero se fue a igual velocidad, ya que la
posibilidad de aunar fuerzas en el Gerontes2 era un acontecimiento
seductor, además Demetrius devolvió la hédna
de Adara a Zorva, sin costo de su futuro
suegro y sin costos para Zorba, de pronto Therin no tuvo más que aceptar la
decisión de su padre y quedarse con lo que su querido amigo había desechado, ya
tendrían otra oportunidad de jugar y él ganaría.
Las familias quedaron tan amigas como
siempre, dado que la unión no se hacía pública aún no hubo deshonra, pero
Achlys sufría en silencio, su corazón estaba roto, había sido despreciada,
reemplazada por su hermana y transada por la conveniencia familiar, lo único que
anidaba su corazón era odio, vergüenza y envidia. Adara por su parte se sentía
perdida había conocido a un hombre de Atenas, se habían hecho amigos
conversando sobre la vida, filosofía y
política en el Agora3 y se habían enamorado, ella realmente
albergaba la esperanza de poder disfrutar de los privilegios de las mujeres de
Esparta la tierra en que nació, pudiendo escoger a su esposo como era la
tradición. Aun cuando se sabía comprometida con Therin albergó esperanzas, pero
de pronto dejó de ser una niña y se dio cuenta de que la realidad de ella y su
hermana era otra, era la de Atenas y el matrimonio se realizaría más temprano
que tarde, y ahora estaba prometida a Demetrius y su hermana sufría con tal
desdén.
-
¡Demetrius! –exclamó Aethos viendo
al atractivo soldado griego, alto, oscuros ojos enmarcados por unas cejas
perfectas, nariz recta y caminar indolente, que pronto sería su nuevo hijo. Le
acercó un taburete cubierto por una fina piel negra, lustrosa. El soldado se
sentó. Aethos tomó asiento frente a él. La esclava se acercó escanciándoles
vino y retirándose con rapidez.
-
Aethos –contestó este al saludo,
inclinando la cabeza ante el hombre.
-
¿Qué atribula tu alma, hijo?
–preguntó él.
-
Vengo de Delfos, he consultado el
oráculo –respondió desviando la mirada hacia el piso.
La mirada interrogante de Aethos no recibió
respuesta. Así que el patriarca adelantó el cuerpo, ceñudo, esperando que con
ese acercamiento hablara el otro. Al no reaccionar, tomó la iniciativa.
-
El hédna está entregada, Adara te
será dada a cambio en la fecha convenida –dijo el patriarca, su voz lo traicionó
con una nota de angustia. Si el hédna era solicitado de regreso, sería una
grave afrenta para la familia, que por otro lado tal vez se viera beneficiada
por la reparación que Demetrius se vería obligado a conferir. Sin embargo, esto
era inusual, una devolución "antes" de...
-
No me malinterpretéis –interpuso
Demetrius agitando las manos con fuerza- es sólo que... el pronóstico de
nuestra unión no es nada favorable. Pero sabéis que amo a vuestra hija, que
daría la vida por ella.
Amor, tan lejana palabra al intercambio mercantil
que ellos habían realizado para que el bravo soldado consiguiera su afán de
tener la revancha contra su amigo Therin. Pero el sentimiento parecía real, Aethos
no dudaba que este guerrero de alto rango le daría a su hija, no sólo posición
social, su familia recibiría un poder que no se atrevía a soñar al no haber
nacido en aquellas tierras.
-
Sin embargo...
-
Olvidadlo, por favor. He venido
para fijar la fecha de la praílía –dijo Demetrius esforzando una sonrisa.
-
¿Estás seguro de querer hacer la
ceremonia ateniense? -preguntó el futuro suegro- no es bien visto por el
consejo de ancianos, aunque la idea fue mía podemos hacer un simulacro del rito
espartano.
-
No hay nada que discutir
-respondió Demetrius bebiendo su copa y pidiendo que la llenaran nuevamente-
quiero que toda la ciudad conozca a mi esposa y que todos me envidien, quiero
una ceremonia ateniense.
A partir de ahí, comenzaron a arreglar los
detalles, si Adara entregaría en sacrificio un mechón de cabello o su cinto
ante Afrodita Areia, si sería bañada en su hogar y de qué fuente traerían el
agua y finalmente acordaron que Evan, un joven proveniente de Atenas bastante
agradable, sería quien llevaría el agua y ejecutaría el simulacro, siendo como
era, ajeno a la sociedad a la que tanto Demetrius como Adara pertenecían, era
lo mejor.
El vino continuó vertiéndose en sus copas, y
el ánimo de Demetrius cambió. El joven taciturno que llegó del oráculo de
Delfos se convirtió en el locuaz novio de siempre, explicándole sus proyectos
al patriarca, riendo animadamente. Era bastante tarde cuando Demetrius salió
del hogar de su prometida, tambaleándose bajo los efectos del vino de Nemea.
Avanzó unos pocos metros cuando dio de frente con una exuberante mujer,
envuelta en una túnica blanca con cinto dorado, el hermoso cabello negro
resaltaba en su caída sobre los hombros.
-
Ach-lys –tartamudeó ahogando un
hipido.
-
La fuerza de Heracles no os ha
acompañado, hermano –pronunció con dificultad la última palabra, acumulando
valor para decir aquello que se agolpaba en su garganta.
-
Os burláis de mí –contestó él
haciendo una mueca, Achlys cayó de rodillas ante él, tomando el borde de su
túnica, humillándose, agachando la cabeza.
-
Dejad a mi hermana, tomadme a mí
como era lo que nuestros padres deseaban. Os amo, os he amado desde ese aciago
día en que os vi.
-
Te pones en vergüenza, he elegido,
levantaos por favor –contestó él perturbado, tratando de levantar a la mujer y
haciendo un supremo esfuerzo de voluntad por pronunciar bien.
Achlys levantó la cabeza, el hermoso rostro bañado
en lágrimas, transformado en una adolorida mueca de profunda tristeza. El
corazón de Demetrius dio un vuelco. ¿Era posible que este día que él había
planeado como el inicio de la culminación de su espera, estuviera terminando de
esa forma? ¿Con el ofrecimiento traidor de una mujer, que aunque hermosa, no
era a quien pertenecía su corazón? La confusión se adueñó de su alma. Se
inclinó y le tomó el rostro entre las manos, borrando con los pulgares las
huellas dejadas por las lágrimas.
-
Achlys, elegí a tu hermana, ella
me pertenece, amo a tu hermana.
-
Pero ella no te ama a ti –contestó
ella vengativa, escapando a la carrera hacia las sombras de su casa.
“Sí me ama, es imposible que no desee ser mi
esposa” pensó el guerrero. Achlys solo había puesto en palabras la duda que
carcomía su corazón. Ese bicho asqueroso que reptaba sobre su alma y que lo
había hecho ir a consultar al Oráculo. Las palabras de esa mujer aún flotaban a
su alrededor y él se esforzaba tratando
de entender el neblinoso significado de las palabras: “guardarás y acosarás, te
extinguirás, pero tuyo no será, el camino que conduce a la oscuridad deberás
evitar”, entonces sus ideas se aclararon.
"Por supuesto", guardar a Adara,
acosar a quienes quisieran dañarla, extinguirse... a todos les llegaba su hora
tarde o temprano, pero ¿era esta prueba que Achlys le ponía enfrente el camino
a la oscuridad? Entonces, él lo había evitado. Suspiró hondamente, amaba tanto
a Adara... y él había pagado una elevada hédna por ella. No podía sino
corresponderle, Achlys solo era una mujer despechada. Rodearía de lujos y
esclavos a Adara, la llenaría de joyas y vestiduras hermosas, como le
correspondía por ser tan bella. Él también era hermoso y noble, estaban hechos
el uno para el otro. Se retiró convencido de haber superado un obstáculo,
sintiendo el corazón ligero.
Después de aquella conversación, el novio decidió
adelantar el matrimonio y como siempre obtuvo lo que deseaba. No quiso esperar la
fecha más adecuada, la luna llena de gamelión5, y el rito dio comienzo
ante la desesperación de tres de los involucrados.
Adara no podía creer cómo los meses que
faltaban de pronto se habían transformado en días. Lo había pensado tanto desde
que decidió aceptar lo evidente, sus sentimientos por Evan eran fuertes y no
concebía estar unida por toda su vida a un hombre que no era capaz de escuchar
más que su propio eco. En miles de ocasiones le dijo a Demetrius que ella no
deseaba casarse, que deseaba romper el compromiso antes que fuera demasiado
tarde, pero él no la escuchaba, o mejor dicho, escuchaba lo que deseaba
escuchar, incluso había ido al oráculo de Delfos y había desechado el mal
presagio recibido.
Todo lo transformaba a su conveniencia, ella
le decía querer otra vida y él le prometía llenarla de joyas y sirvientes, ella
le decía que no lo amaba, que solo sentía estima por él, y Demetrius respondía
que la amaba y que ella también lo amaba solo que era una flor que aún no
conocía los placeres del mundo, y ya vería cuánto la amaba cuando todos sus
compañeros de armas y los nobles se murieran de envidia al ver que su esposa
podía rivalizar en belleza con la propia Afrodita.
-
Mi amada Adara, te vestiré como a
la reina que eres y todos verán que me he casado con una diosa, ¿qué más podrías
desear para sentirte amada?
-
Que me escucharas –respondía
Adara, sabiendo que Demetrius seguía pensando en la envidia que causaría a los
demás sin escuchar lo que ella le repetía una y otra vez, sintiéndose mal
consigo misma, porque era feliz cada vez
que partía a otra guerra esperando que no volviera, y no se podía creer el
albergar sentimientos tan oscuros.
Sobre todo habiendo notado lo que todos en
casa veían, Achlys sufría por el amor que sentía por aquel orgulloso que la
había rechazado como quien cambia una capa nueva por otra, solo para probar ser
el mejor y siempre conseguir lo que quería. Se había empeñado en que se la
dieran, a tal grado que el poder político sumado a la hédna ofrecida a su padre
por ella lograron su deseo.
El deseo de Demetrius estuvo a punto de convertir en enemigos a Aethos y Zorba quienes
habían sido amigos del padre de Demetrius, pero los intereses políticos y
posibles recaudos de poder lograron que la traicionera acción del soldado fuera
pasada por alto y olvidada.
Por culpa de aquel compromiso había perdido
el cariño de su hermana, y estaba a punto de perder a toda su familia, para
correr tras el sueño de ser amada por quién era y no por cómo se veía, por ser
escuchada y no ser considerada solo un adorno más de la casa y una matriz para
que el gran y respetado guerrero tuviera sus hijos y pudiera presumir de estar
casado con... ¿cómo había dicho?... que
estaba casado con una diosa, por alguna causa aquello no le parecía un
cumplido.
Adara recordaba que estaba feliz por su
hermana y había danzado con ella cuando conocieron oficialmente a quien Achlys
sería dada en matrimonio. Ella muy joven aún había llenado de preguntas a su
hermana mayor sobre el amor del que tanto decía sentir, de cómo sabía que
estaba enamorada, que si alguna vez ella sentiría algo así. Habían conversado
toda la tarde y parte de la noche, haciendo castillos en el aire, sin saber que
le seguirían días y años de sinsabores.
Achlys estaba llena de alegría cuando Dora
les aviso que debían presentarse ante su padre, pero cuando su madre las fue a
buscar no se veía feliz, y no respondió a su pregunta de por qué debía ir ella
también si Achlys era la novia de Demetrius. La anciana esclava, Dora, también
se veía triste lo que era más extraño aun, pues ella siempre estaba feliz
cuando sus jóvenes amas a quienes había criado, estaban felices.
Cuando la noche caía sobre la ciudad, Adara
miraba por su balcón las estrellas sin creer lo sucedido esa tarde, su padre
les había comunicado que se habían realizado algunos cambios, Achlys sería
esposa de Theris y ella de Demetrius. Su hermana palideció, aun más de lo que
era naturalmente, pero se mantuvo orgullosa y hermosa en pie sin que una
lagrima corriera por su delicado rostro, incluso la felicitó.
Durante los años que pasaron para que ella
alcanzara la edad requerida, miraba a su querida hermana destruyéndose por
dentro, escuchaba las palabras de amor que le dedicaba Demetrius, jurando su amor, hablando de su hermosura y de lo
subyugado que había quedado al verla la primera vez.
Aquel hombre al que su hermana amaba, había
logrado comprarla a ella. Su madre les había dicho que debían obedecer, lo que
su padre hacía era lo mejor para la familia y que la perdonaran a ella, por no
haber podido darle un hijo varón, que tal vez hubiera rescatado de esta triste realidad a su
amada primogénita.
Ella trató de hablar con Achlys, pero no la escuchó,
desde entonces cerró la puerta de su vida y sus ilusiones sin permitirle volver
a entrar como si fuera culpable de lo que Demetrius y su padre habían hecho.
Adara se preguntaba cómo su hermana podía estar enamorada de un hombre que no
se dio cuenta de la tristeza que la embargaba cuando lo felicitó y se atrevió a
hacer un comentario tan estúpido como: “eres una mujer casi tan bella como tu
hermana, Therin debe sentirse afortunado”.
Esa misma semana llegó un joven proveniente
de Atenas hijo de una ilustre familia para hacerse cargo de algunos negocios
importantes, iba acompañado de gran
número de sirvientes, pretendía quedarse algún tiempo para tomar clases
con el filosofo más famoso de que habitaba en aquellas tierras, un joven que al
escucharla llorar escondida entre los espesos árboles del jardín y la muralla
que separaba su casa del mundo exterior, se trepó a la muralla y le preguntó
que le ocurría.
Por primera vez, desde que recordaba,
alguien que no fuera su Dora, y antiguamente su hermana, se interesaba en saber
qué le pasaba, un hombre con dificultades se mantenía trepado sobre la muralla
y hablaba con ella, en ningún momento comentó algo sobre su hermosura, pero siempre
le pidió que le contara lo que ocurría en su corazón, de dónde venia tanta
tristeza, si estaba segura de ser algo irremediable.
La voz de Dora llamándola para la cena trajo
a los jóvenes a la realidad y ella corrió al encuentro de la esclava, aunque
antes Evan, como dijo llamarse el muchacho, le dijera que si necesitaba hablar
con alguien lo buscara en el Ágora durante las mañanas, donde hacía negocios y recibía
las enseñanzas de su maestro, o lo llamara él se encontraría todos los días a esa misma hora
esperando al otro lado de la muralla, escuchando su nombre el saltaría el muro
para oírla.
De esa forma conoció a Evan y encontró la
manera de escapar de casa, gracias a Dora, disfrazada de muchacho para escuchar
a los filósofos en la plaza central. Sus preguntas escucharon diversas
respuestas, pero nacieron más preguntas y sintió que su mente se abrió, que deseaba
otra vida.
Caminaba en la mañana por el jardín tratando
de despejar su cabeza de la última pelea que había tenido con Achlys debido a
la visita de Demetrius, razón por la que no había podido asistir a la plaza. Estaba
tan cansada de escuchar las andanzas de su prometido en la guerra, de escuchar
cómo mataba, cómo se sentía orgulloso de arrasar con pueblos enteros y del amor
que sentía por sí mismo, así como de escuchar las amargas palabras que escupía
su hermana hacia ella.
-
¿Ocurrió algo malo? hoy no te vi –preguntó
una voz tras los árboles.
-
¿Qué? –respondió ella intrigada.
-
Pregunte si ocurrió algo malo que
te impidiera ir a la plaza, te eché de menos –respondió la voz.
-
¿Evan? –preguntó algo insegura la
muchacha.
-
Por su puesto –respondió el hombre
como si fuera algo evidente.
-
Te equivocas, yo no voy a la plaza
ni ningún lugar sin la compañía de mis
padres
–respondió Adara mirando
a todas partes asegurándose que nadie estaba cerca.
-
Esos ojos donde la inteligencia
brilla no pueden ser confundidos con los de nadie, aunque te disfraces de
muchacho friolento –dijo Evan divertido.
-
¿Todos se han dado cuenta? –preguntó
Adara asustada.
-
El maestro y yo, el resto de la
población lo dudo, no tienden a detenerse a observar, solo miran... pero me
dirás qué ocurrió que no fuiste al Ágora ni viniste aquí ayer– preguntó el
muchacho saltando desde lo alto de la muralla.
-
Estás loco –replicó Adara
empujándolo y haciéndolo caer de espaldas tras los árboles para que nadie lo
viera– lo siento.
-
No te preocupes –dijo el chico
sentándose– este filósofo y comerciante es más fuerte de lo que todos creen y
entonces ¿qué pasó?
-
Mi prometido vino a verme –respondió
Adara con ganas de llorar.
-
Fue eso, debí suponerlo –respondió
Evan con tristeza- ¿como sigue la situación con tu hermana?
-
Peor, adelantó el rito para unos
días más, no quiere esperar.
-
Lo siento.
Esas conversaciones se habían hecho
frecuentes el último par de años, Adara se había dado cuenta que esperaba con
ansias esos encuentros, que disfrutaba de la compañía de Evan, que gozaba
cuando tomaba sus manos entre las de él cuando la consolaba y la hacía sentir en
paz. Nunca habían hablado de amor, pero aquel día Evan se declaró y le dijo que
no sabía qué hacer, si al menos estuviera seguro que ella sería feliz no le
importaría que se casara con otro y no pudieran seguir viéndose, pero al verla
tan triste, desalentada, lo hacía sentir impotente ante el destino.
Aquella misma noche Demetrius pidió a Evan
que participara del día de la praílía6, y una idea nació en el filósofo.
A la siguiente mañana la novia fue al templo
de Afrodita Areia a realizar la ofrenda de su cinturón, símbolo de la
resignación de su virginidad, en tanto Evan cargaba los baldes con esmero e iba
llenando la bañera poco a poco, esperando ese momento mágico en que vería a Adara.
Vertió el último balde y comenzó a arrojar los pétalos de flores. Demetrius lo
había escogido para esta parte del rito, no sabía la razón ya que desde su
llegada a Esparta no habían sido más que conocidos, aunque esta petición era una
oportunidad para él. Por mucho tiempo sus encuentros con Adara habían sido la
forma de conocer el corazón de la mujer, sin la oportunidad de estar a solas
mucho tiempo, apenas el suficiente para que los ojos de ambos se dijeran cosas
y se juraran amor eterno, la idea que se había fraguado en su mente no sabía si
sería admitida, pero aprovecharía esta oportunidad si ella decía que sí, solo
felicidad se encontraría en su futuro. No quería pensar en los dos días siguientes,
ni en el futuro. Sabía que ella lo amaba, lo sentía en el alma aunque se había
quedado sin palabras cuando él se declaró.
Se sentó a un lado de la bañera, la vio
entrar, el cabello rubio resplandeciente, ella volvió el rostro hacia él y le
sonrió discretamente. Achlys y Dora la escoltaban. La despojaron de su túnica y
se apostaron a ambos lados de la puerta, volviéndose de espaldas en espera de
que comenzara el ritual. Adara metió un gracioso pie en el agua y comenzó a
sumergirse, la delgada ropa interior marco sugestivamente a su cuerpo.
Conteniendo la respiración, Evan se introdujo en la bañera y comenzó a simular
una lucha con la muchacha, marcando el fin de esa parte del rito.
-
Adara –musitó chapoteando con las
manos sobre el agua, haciendo ruido adrede para no llamar la atención de las
mujeres- hemos sido bendecidos. Mañana, durante los preparativos del gámoi, mi
barco zarpara a Atenas, si estas dispuesta, haremos el viaje juntos y serás mi
esposa ante los Dioses.
-
Sí – respondió la muchacha en un
suspiro casi inaudible, sonrojada y algo temerosa.
El ritual del praílía había concluido, Evan
había marchado y ella se encontraba en su habitación, observando todo lo que la
rodeaba y recordando la promesa realizada con Evan. Estas eran sus últimas
horas con su familia, cuando partiera al día siguiente sabía que no volvería a
verlos, que ellos nunca perdonarían la deshonra que caería sobre la familia y
sobre todo la pérdida económica que significaría devolver el hédna, pero su
decisión estaba tomada, mañana se marcharía.
Necesitaba una forma de salir de su hogar,
pero no sabía cómo. En su desesperación y pensando que esto causaría algo de
alegría a su hermana recurrió a ella, después de muchos intentos consiguió ser
escuchada. Los ojos de Achlys brillaron de alegría, al día siguiente se
realizaría el gámoi7. Durante el banquete de bodas las mujeres
estarían separadas de los hombres en mesas aparte y Adara, cubierta
completamente con un velo, solo sería contemplada por los participantes del
festejo después de la comida, cuando Demetrius le quitaría el velo, eso daba de
plazo esa noche y el día siguiente. Usaría el velo de su abuela que era
realmente espeso, eso no permitiría que notaran quien estaba oculto tras él
siempre y cuando tuviera la altura y contextura de la novia. Con la ayuda de
Dora, consiguieron en los campos de su familia una esclava que tenia las
características necesarias para llevar a cabo el engaño, sobre todo si
consideraban que todos estarían comiendo y bebiendo. La anciana esclava llevó
el mensaje a Evan, aquella noche cuando todos se fueran a dormir debía estar
listo para llevar a Adara con él.
La vieja esclava se hizo cargo de los
preparativos de la joven novia al día siguiente por lo que nadie la vio sin el
velo, y se encargó de ayudarla a comer y beber sin que su velo revelara quien
estaba allí.
Evan y Adara llevaban una noche y un día de
navegación, ya no había forma que les dieran alcance. Ellos tampoco tenían cómo
saber que cuando el anakaliptéria8, ceremonia en que el velo era
quitado por el novio, se llevó a cabo se produjo el mayor de los desastres,
Demetrius sintiéndose traicionado pidió explicaciones, Dora aceptó toda la
responsabilidad de lo ocurrido para que la joven ama no fuera culpada por
aquella deshonra, y no solo eso, declaró públicamente que la joven Adara le
había dicho incontables veces que no deseaba casarse con él, no le había dejado
otra salida. La reacción del hombre no se dejó esperar y descargó su espada
sobre la anciana hasta que los hombres presentes lograron detenerlo, aquella
fue una ceremonia sangrienta y el destino de la esclava bajo el velo fue aún
peor, si eso era posible.
Luego de aquella descarga de ira, Demetrius
desapareció en la noche, pero Achlys estaba feliz, en unos días estaría de
regreso y ella lo convencería que la tomara por esposa, para su matrimonio aún
faltaba algo de tiempo, claro que lo lograría.
Pasaron meses en que Demetrius deambuló por
pueblos pequeños donde nadie lo conociera, emborrachándose sin parar. Cada vez
que alcanzaba la sobriedad volvía a recordar
la vergüenza pública que había vivido, no sabía a dónde ir, no era capaz de
volver a su hogar y enfrentar a todos
quienes le conocían y sabían cómo había sido engañado por Adara. Tan ebrio
se mantenía que ya no tenía dinero para
pagar su licor y no se daba cuenta que una mujer era quien lo pagaba y lo
llevaba a la cama cuando ya no podía mantenerse en pie, pero esos días
terminaron cuando no pudo salir de la habitación donde se encontraba prisionero
y permaneció en ella hasta que la resaca pasó y pudo comer, tiempo en que fue
servido por esclavos atentos que no respondían a sus preguntas. Finalmente fue informado que la señora lo
recibiría para lo cual fue bañado y vestido con grandes galas.
Al llegar la noche la señora lo recibió en
el gran salón, era la mujer que entre embriagues y sueños le parecía haber
visto junto a él. Era realmente hermosa, de cabellos negros y rasgos egipcios.
Le contó quien era y de donde venía y le prometió darle las armas para subyugar
a aquella que se había atrevido a abandonarlo de forma tan ofensiva, tendría la
eternidad para enseñarle que él era su amo y para gozar de la inmortalidad. Él
era un hombre que rivalizaba en belleza con los dioses, además era rico y de
buena posición social, todo lo que el selecto grupo al que ella pertenecía
requería para ser uno más, a cambio solo debía poner a disposición del señor a
quien ella servía, sus contactos, esclavos y lealtad absoluta.
-
¿Inmortalidad? -preguntó Demetrius
-
Juventud eterna, y el tiempo que
desees para vengarte de quienes te traicionaron, o se rieron de ti -respondió
seductora Keket.
-
¿Y qué debo hacer? -preguntó
dubitativo Demetrius, vengarse de la familia de Aethos era lo que más quería,
estaba seguro que aquella trampa no había sido fraguada por una esclava, tal
vez la madre de Adara, y callar las burlas que seguro hacían de él los que
estuvieron presentes en aquella funesta noche, y luego obligar a Adara a amarlo
y a Evan a observar como la hacía suya.
-
Nada, solo aceptar lo que te he
dicho y no volver a ver la luz del sol -dijo la mujer como si pidiera algo sin
importancia.
-
Acepto - respondió Demetrius sin
siquiera sopesar lo que Keket le había solicitado, su único pensamiento era la
venganza, y lo último que hubo con claridad en su mente, ya que antes de lograr
darse cuenta tenía a la mujer frente a él riendo y un hombre que no había visto
desagarrándole el cuello con sus colmillos.
Poco recordaba de los siguientes tres días,
salvo el dolor y malestar que le hacían dar vuelta lo poco que conservaba de
alimento en su estomago en lo que pasaba de un estado vivo a uno ni vivo ni
muerto.
A la cuarta noche, la mujer lo ayudo a ir a
una bodega repleta de esclavos jóvenes, y lo dejó ahí hasta que escuchó
apagarse una última suplica de piedad. Al abrir la puerta observó a Demetrius
bañado en sangre cuestión que a él no le causaba mayor extrañeza acostumbrado
como estaba al campo de batalla. Lo que sí le era diferente era el estado de
éxtasis y la sensación de poder cargar el mundo sobre sus hombros, no tenía
cansancio alguno.
-
Ven aquí hijo mío -escuchó la voz
de un hombre que al igual que la mujer parecían provenir de la misma tierra, quien
le ofrecía su muñeca abierta y sangrante. Con la velocidad del viento y sin
pensarlo se encontró bebiendo la sangre de aquel hombre.
-
Te presento a nuestro señor y padre,
Apofis -dijo la mujer alejándolo con fuerza excepcional.
-
Bienvenido hijo mío -habló Apofis
en tanto su muñeca herida se cerraba mágicamente frente a los ojos asombrados
del recién nacido- Ahora que acabaste con nuestros esclavos, necesitaremos más
servidumbre, pero principalmente necesito soldados, fuertes y valerosos,
hermosos y feroces como tú.
-
Tú serás quien nos diga a quienes uniremos a
nuestro grupo y quienes solo serán alimento, para mi es difícil, todos los
espartanos me parecen merecedores de este don oscuro -dijo sugerente Keket en
su oído.
-
¿Y mi venganza? -preguntó
Demetrius.
-
Está a unas noches de distancia,
todo el camino que hiciste en meses, lo haremos de vuelta en siete noches -respondió
Apofis mientras se retiraba- Keket atiende bien a nuestro muchacho, ya es hora
de descansar, esta noche hablaremos.
Tal como prometiera el que ahora era su
padre, en siete noches ya estaban en su hogar. Seleccionó para formar parte del
selecto grupo a tres de sus hermanos, los únicos que sobrevivieron, si así
podía llamarse a la carnicería que hizo en lo que era su hogar durante su
primera noche de estancia, pero uno de ellos no agradeció el regalo, al
amanecer del tercer día de haberlo recibido salió al patio central del hogar y
desapareció dejando sólo algunas cenizas.
-
Le ofrecimos vida eterna y prefirió
arder al sol- dijo Keket con desprecio.
-
Llorando sobre los cadáveres de sus
hijos y su mujer, dijo que no podía vivir sin ellos - respondió Demetrius- una
vez más he sido defraudado por alguien por quien sentía afecto.
-
No todos tienen la fuerza para
recibir este don -respondió sonriente Apofis- los débiles no pueden ser uno de
nosotros, no te lamentes.
En los siguientes días seleccionó a todos
los hombres que servían bajo su mando. Uno a uno fueron siendo atraídos por
Keket. Aquellos que no aceptaban la propuesta morían inmediatamente, los otros
pasaban por el trance incluyendo su amigo Therin quien se convirtió en el
favorito de Keket, lo cual no fue ofensa para Demetrius que se había convertido
en el favorito de Apofis. Este le recomendó que fuera por la hermana de quien
lo había traicionado, ella seguro sabía o había participado del engaño, si la
historia se había desarrollado como le había mostrado era lo más seguro.
Durante semanas los habitantes de la ciudad
se escondían en sus casas antes que el sol cayera. Los sacerdotes y
sacerdotisas hacían ofrendas y rogativas en los templos para que alejara al
demonio que se había apoderado de su ciudad. Noche tras noche desaparecían
personas, algunas eran halladas sin rastros de sangre en el cuerpo y otros no
eran encontrados.
Aethos había traído esclavos de sus tierras
en las afueras de la urbe para resguardar su hogar igual que muchos otros. El
terror se apoderaba de la ciudad, cuestión preocupante considerando que los
hombres más valientes de Grecia se encontraban ahí.
Si tan solo Demetrius estuviera con ellos,
si aquella que llamó hija no hubiera traicionado de tal forma a la familia
llevándola a la ruina. Nadie quería hacer negocios con él, puesto que no había sido capaz de cumplir el contrato
realizado con la familia de uno de sus mejores amigos de acuerdo a las
costumbres de su tierra natal, en vez de las de su tierra de adopción, el no
poder cumplir con el contrato pactado con Demetrius hizo que perdiera la
confianza de todos sus contactos de comercio, la herencia de la familia no
duraría por siempre, pero si Demetrius volvía y pedía la devolución de la hédna
quedarían en la bancarrota absoluta, y si volvía tampoco cuidaría de ellos
después del agravio sufrido. Tal vez su
mujer tenía razón, debían tomar todo lo que pudieran llevar y marcharse,
en Minos ella tenía familia, eso era lo que debían hacer.
-
¿Quién está ahí? -preguntó Achlys
temerosa al escuchar ruido en su balcón.
-
Soy yo amor mío -respondió una voz
conocida para ella -volví esta noche y al escuchar lo que estaba ocurriendo
vine inmediatamente a saber cómo estabas.
-
Demetrius ¿eres tú? -respondió
Achlys corriendo al encuentro del amor de su vida- estos días han sido
terribles, rogaba porque siguieras fuera para que no sufrieras un ataque, los
mejores guerreros han desaparecido.
-
No podía permanecer fuera más
tiempo, luego de lo que me hizo Adara la vergüenza me llevo lejos de aquí, pero
en estos meses me di cuenta que siempre fuiste tú a quien amaba, aquella a
quien mi padre había elegido para mí. No debí dudar de su decisión, caí bajo el
hechizo de tu hermana y me perdí, pero
ahora sé lo que quiero y lo que quiero es estar contigo eternamente.
-
Al fin abriste los ojos -respondió
Achlys pensando que aquello era un sueño- Afrodita Areia sea alabada, escuchó
mis plegarias.
-
Ven conmigo ahora - dijo tentador
Demetrius- serás mi eterna compañera.
Achlys fue incapaz de negarse, no logró
pensar con claridad, solo estaba perdida en los ojos de Demetrius y lo seguiría
a donde quisiera. Cuatro días más tarde se dio cuenta con horror que aquella
decisión había sido improvisada, Aethos supo dolorosamente que demoró demasiado
en tomar una medida. Cuatro días más tarde la joven mujer vio los cadáveres de su
familia y sus esclavos, las huellas dejadas le permitieron imaginar cómo fueron
exterminados sin que nadie los ayudara. Cuando Achlys fue llevada por Apofis a
su hogar para que viera que ya no había nada para ella entre los mortales, tuvo
el vago pensamiento de que seguir a Demetrius había sido mala idea, pero Keket
cargó con la culpa por la eliminación
depravada de su familia. Ella seguía creyendo en las palabras de su amor
que le juraba que nada había tenido que ver con aquello, que él había rogado
por su familia y solo había logrado salvarla a ella de Keket, Achlys se sentía
agradecida.
-
Querida hija, Keket es joven aún y
no sabe controlar su hambre -habló Apofis como padre protector- no fue
intencional, ella está arrepentida y te quiere pedir perdón, no guardes rencor,
ahora somos parte de un único linaje y no hay secretos entre nosotros, por eso
Demetrius te contó lo ocurrido a tu antigua familia y yo te llevé para que lo
vieras. Yo he probado tu sangre y no hay misterios entre nosotros, te
recomiendo que dejes a Demetrius probar el dulce néctar de tu sangre para que no existan enigmas entre
ustedes.
-
¿Pero por qué fue de una forma tan
cruel? -preguntó entre lagrimas Achlys.
-
Pocos de los recién nacidos tienen
tu control -respondió cariñosamente Apofis- por ejemplo Demetrius es como decirlo... gusta
de ver sufrir a su alimento y juega con él, es voluble, pero con el tiempo tal
vez madure y deje de jugar con su comida.
-
Pero... no sé como decírselo.
-
No es necesario, deja que pruebe
tu sangre como la he probado yo y no necesitaras hablar, entonces podrás yacer
junto a él, que es lo que más deseas a pesar que te he complacido como no
imaginabas al recibir mi sangre y dejarme beber de ti, así como te demostré que
el amor y el sexo no necesitan ir juntos para sentir placer -continuó Apofis
con voz noble y hechicera.
-
Gracias por tu comprensión, haré
lo que me dices mi señor -respondió Achliys incapaz de negarse a cualquier
pedido de Apofis e incapaz de comprender la razón.
-
Solo quiero que mis hijos sean
felices, deja que Demetrius sepa que tú urdiste el plan para ayudar a tu
hermana a escapar, obviamente se enojará, pero cuando vea que lo hiciste por
amor te perdonará.
Achlys siguió el consejo de Apofis y con el
permiso de éste dejo que Demetrius probara su sangre. La furia con que fue
tratada solo fue detenida por Keket, quien le dijo al furioso guerrero que
había mejores formas de vengarse que arrancarle la cabeza a la traidora. Fue
arrojada en una carreta cerrada y sufrió hambre por todo el viaje por tierra
que hicieron a Atenas, donde vivía la familia de Evan.
La agonía de aquellos días los recordaría
por la eternidad, sin fuerzas siquiera para levantarse, sufría los ataques de
Demetrius que la dejaba casi sin vida, y aun así no lograba morir y abandonar
aquel estado. Una noche fue Apofis quien entró, se rio de ella por ser tan
ingenua y creer en las palabras que solo eran eso, palabras. Le explicó que
ahora le pertenecía a Demetrius, que éste había drenado prácticamente toda su
sangre y solo cuando su amo decidiera darle de comer probaría algo de alimento.
Una noche todo cambió, fue sacada de su
encierro y llevada como bulto, corrieron toda la noche y durante el día se
escondieron en unas cuevas lejos de cualquier asentamiento humano. Aunque
seguían siendo numerosos, no quedaban ni la mitad de los que partieron a Atenas,
aquellos de quienes escapaban debían ser poderosos y aunque cada noche más de
ellos eran cazados Apofis no cambió de rumbo y siempre viajaron al sureste,
hasta llegar a la costa abandonando tierras griegas en un barco mercantil.
Una vez en el barco Demetrius comenzó a
alimentarla con su sangre, pequeñas dosis para que se recuperara lentamente
mientras le contaba de su paso por Atenas.
-
Habíamos llegado hacía dos día a
Atenas cuando supimos donde se encontraba Adara
-relataba
Demetrius mientras ella solo lo escuchaba, no tenía fuerzas para articular
palabra- tu hermana tiene buen ojo, Evan resultó ser hijo de la familia más
adinerada de la polis, a mí nunca me dijo nada al respecto, siempre pensé que
era un pobre diablo. Cuando la vi me di cuenta que es infinitamente más hermosa
que tú, es un diosa nacida mortal.
-
Evan es un sueño -dijo Keket que
gustaba de molestar a quienes estuvieran a su alrededor- solo pierde frente a
mi señor Apofis en belleza e ingenio, no logré hacerlo caer en mis redes.
-
No todos aprecian el poder oscuro
-acotó Apofis perdido en sus pensamientos.
-
Poco me importa tu opinión bruja -
respondió enfadado Demetrius- tú tampoco te comparas a Adara. Fue tan fácil de
atraer, el poder oscuro es fascinante y ella no pudo evitar responder a mi
llamado, su sangre es deliciosa, excitante, pero debí controlarme para no
acabar con ella.
-
Fue una estupidez, la hubieras
acabado inmediatamente, no habríamos tenido que huir como ratas de los sabios
de Atenas -criticó Keket duramente a su "hermano", siendo golpeada
fuertemente por Apofis. Se escuchó el crujir de sus huesos, demoró un tiempo en
poder moverse.
-
No menciones a esos desgraciados
en mi presencia -dijo Apofis mientras salía a disfrutar de la luna llena.
En los días siguientes Achlys tuvo fuerzas
para moverse por el barco durante las noches y escuchó distintos relatos de lo
ocurrido en la polis de la que habían huido.
Efectivamente habían encontrado a su hermana
y Demetrius la había logrado morder una vez, aunque para convertirla en uno de
ellos necesariamente debía hacerlo Apofis, solo él tenía la fuerza para
realizar la conversión, Keket podría hacerlo en algunos años más, según escuchó
algo tenía que ver con la antigüedad dentro del círculo.
Sin embargo, Tyche, la diosa de la fortuna,
giró la rueda en su contra y quiso que en el hogar de Evan alojaran un grupo de
sabios especialistas en cazar y dar muerte a los que tenían el don oscuro y ya
habían acabado con algunos de los hijos de Apofis, por eso él había ido a
buscar los mejores guerreros del mundo.
Según relataba el traidor de la casa de
Evan, uno de los sabios descubrió a Demetrius cuando mordía a Adara la primera
vez, no había sido que él se controlara como le habían contado, había sido
sorprendido por uno de ellos. La única razón por la que logró escapar fue
porque el sabio decidió atender a la joven víctima.
Apofis se sintió con las fuerzas suficientes
para enfrentar a quienes parecía temer. Una noche se lanzaron nuevamente contra
el hogar donde se encontraba Adara y la lograron morder por segunda vez. De
acuerdo a lo que contaba uno de los nuevos hijos de Apofis, sirviente de la
casa de Evan, los sabios de Atenas eran dos mujeres y un hombre de pieles
morenas y cabellos negros. Para su sorpresa la mujer llamada Bastet era la
líder del grupo, era hermosa, pero inquietante, cuando miraba a una persona
parecía que sus ojos podían ver su alma. Diestra con la alabarda, era peligrosa
sin llevar más armas que sus manos, lo demostró durante el primer ataque.
Durante el segundo ataque muchos de los
esclavos que vigilaban el hogar murieron sin saber siquiera cómo, en cambio los
sabios de Atenas arrancaron corazones y cabezas con rapidez y destreza que no parecían humanos. El
hombre llamado Kepri había perdido su arma, pero aún así logro arrancar el
corazón del pecho de su atacante con sus propias manos, y otra mujer llamada Sekhmet luchaba a mano limpia, con la furia
de un león arrancaba cabezas sin esfuerzo.
No sentían cansancio y no conocían la
piedad, a todos los que habían resultado mordidos por segunda vez los habían
asesinado, el espía no sufrió tal suerte debido a que Keket lo mordió en un
lugar que no estaba a la vista con el compromiso que espiara para ella y le
concedería la inmortalidad. Pudo ver cómo
Bastet, Kepri y Sekhmet se reunieron con la familia de Evan tras la lucha de la
noche.
-
Adara, quiero que sepas que hemos
hecho todo lo posible para evitar que esto ocurriera, sin embargo, Apofis se hizo
de un ejército bien entrenado -dijo Sekhmet- nosotros fuimos unos tontos al
dejarnos engañar y dejarte sola para ir a luchar.
-
Nuestro error ha sido grave
-continuo Kepri- muchos fueron infectados por segunda vez, y ya son sirvientes
de Apofis, si él decide hacerlos uno más de su clan tendrá el ejercito que está
formando.
-
¿Qué quieren decir? -preguntó con
espanto Evan- Adara no ha cambiado, sigue siendo ella, la hemos visto caminar
bajo el sol sin quemarse.
-
No ha cambiado, pero si la muerden
por tercera vez estará bajo el influjo
de su atacante -respondió Bastet- y será llevada sin voluntad a Apofis, que
creo que es lo que desea el tal Demetrius. Nosotros no podemos seguir aquí,
debemos ir por ellos, encontrar su madriguera, durante el día son débiles y
fáciles de eliminar.
-
Pero Demetrius volverá por mí,
busca venganza así que vendrán nuevamente esta noche -dijo Adara aterrada ante
la idea de ser convertida en uno de los demonios que había visto las noches
anteriores- y ya me mordió por segunda vez, ¿por qué no han terminado conmigo
como hicieron con los otros?
-
Has demostrado tener fuerza de
voluntad -respondió Kepri- anoche te mordieron a la fuerza, tú gritaste, te
defendiste, eso me dio tiempo de llegar y evitar que te llevaran con ellos.
-
Una verdad evidente y que las
personas no desean ver, es que en última instancia cada uno de nosotros somos
capaces de tomar decisiones sobre nuestras vidas -dijo Bastet- el don oscuro
del que habla Apofis no tiene efecto en almas antiguas como la tuya, que saben
lo que desean y lo que no desean hacer, son extraordinariamente fuertes.
-
Pero aunque suena tan sencillo no
son muchos los que logran hacerlo -continuó Sekhmet- eso significa que tienes una
oportunidad. Si deseas ser paciente te esconderemos en algún otro lugar que
solo conozcamos nosotros, podremos eliminar a Demetrius y el riesgo para ti
acabará.
-
Pero igual atacarán este hogar, más
personas morirán de una o de otra forma -dijo Adara entre sollozos.
-
¿No hay otra forma de escapar de
estos monstruos? -preguntó desesperado Evan.
-
Sí la hay -respondió Bastet- ya la
conoces, por el valor demostrado puedes elegir lo que deseas hacer.
-
¡Imposible! -exclamó Evan- no la
asesinarán.
-
Evan, ella tiene razón, esa es la
salida, no quiero que tu familia siga sufriendo viendo morir a mas de los suyos
por mi causa -dijo Adara más calmada- ellos deben encontrar a estos demonios y
yo estoy prácticamente perdida, no pueden estar pegados a mi mientras otros
sufren este funesto destino. No le temo a la muerte, le temo a una eternidad
amarrada a Demetrius.
-
Adara tiene razón -dijo Bastet
antes que Evan u otros de su familia interrumpieran- en este caso es una salida,
a diferencia de las creencias en que has nacido y crecido, no debes pensar que la
muerte es el fin, pero te digo que tampoco es el principio, solo un cambio,
puede ser largo el camino que emprendas para liberarte de tu perseguidor.
De esta forma Achlys se entero que su
hermanita había elegido morir y que Evan eligió acompañarla, la muerte no los
separaría, para el padre del joven filósofo fue un gran dolor, de sus hijos era
el más joven y el que más le recordaba a su fallecida esposa.
Esa misma mañana los sabios de Atenas
comenzaron la búsqueda de las guaridas de los esbirros de Apofis, dieron con
muchos de ellos y hubieran dado con el grupo en que Achlys se encontraba si no
hubiera sido por el traidor que ahora contaba a los demás iniciados lo ocurrido
con la victima de Demetrius. El pobre infeliz no sabía que era llevado solo
como alimento igual que varios de los que viajaban en el barco, Apofis era un
mentiroso brillante, pero no soportaba la deslealtad, el traidor estaba muerto
y aún no lo sabía.
España 1390, D.C.
La noche era joven la luna aún no levantaba
sobre la cordillera Cantábrica, una gran fogata ardía rodeada por siete
antorchas, dos mujeres y dos hombres se reunieron en el círculo la rueda del
destino volvía a girar, una vez más Bastet despertaría.
Thot elevó su voz entonando antiguas
palabras que rompieron el silencio de la oscuridad, al ritmo de aquel canto una
pequeña estrella del firmamento comenzó a descender hasta depositarse en sus
manos, refulgente como la joya más bella, una antigua cruz ansada que era la
"llave de la vida", fue acercada por él a la nariz de Leonor
sintiendo que un fuego incandescente envolvía su alma y su mente, gritó con
fuerzas espantando a los caballos que por suerte estaban bien amarrados por lo
que no pudieron escapar.
Leonor sintió que el aliento de Thot ingresaba
en ella acompañado de imágenes que se sobreponían unas a otras y parecían
venir de otras personas que eran ella
misma, estaba mareada pensaba que se desmallaría, pero cuando abrió los ojos ya
no era Leonor Fernández, hija de Ferrán Gómez de Albornoz y de Teresa Pérez de
Luna, señores de la villa de Arcos de Jalón. Futura esposa del señor Juan de
Velarde, ahora era Bastet, y feliz como una niña se arrojo a los brazos de
Thot, el amor que albergaba por él no había disminuido, y el de Thot tampoco.
Bastet había despertado, era la octava hija
del señor Bast, capitana de la vigésimo quinta brigada de las fuerzas del señor
Ra, desterrada junto a sus dos grandes amigos por un grave error que había
llevado desgracia a un lugar lejos del hogar, y no podría volver hasta reparar
aquella falta, esta era otra oportunidad, debería cazar a Apofis y llevarlo
ante el juicio de Maat.
El viaje en busca de Apofis había comenzado
hacía unos meses, iban a paso de tortuga según Sekhmet, de acuerdo a Thot y Kepri el viaje era aún más lento, pero que
podían hacer, ¿seguir de largo y dejar que los hijos de Apofis atormentaran al
pueblo indefenso?, Bastet no podía hacer eso, se sentía responsable de lo que ocurría,
siempre era así tras su despertar. Purgaban cada guarida que encontraban, y el
rumor de la vuelta de los "sabios de Atenas" comenzó a correr entre
los que poseían el don oscuro, ya conocidos como vampiros, y así fue que Achlys
aprovechando que hacia un par de siglos que Demetrius había perdido su control
sobre ella, comenzó a seguir el rastro para hablar con ellos, necesitaba ayuda
sabía que Keket y Demetrius se habían reunido con el señor Apofis hacia un año
y estaba segura que eso significaba que habían vuelto a encontrar a Adara, esta
vez detendría esta casería a cualquier precio.
-
¿Te
equivocaste de campamento? -pregunto Sekhmet apoyando el filo de su lanza en el
cuello de Achlys -
¿o solo quieres ser la heroína que salve al desgraciado de tu señor?, ¿o
padre?, en buenas cuentas ¿qué es?
-
Es
una maldición - respondió Achlys sin intentar evadir el
arma- igual que Demetrius y Keket, igual que yo.
-
¿Por qué nos buscas? -pregunto
Thot a espaldas de Achys quien no lo había sentido hasta que hablo- has estado
siguiéndonos por días.
-
Yo creo que deberíamos eliminarla
y no escuchar sus traicioneras palabras -dijo Kepri apuntando una flecha
encendida a su cabeza.
-
Solo pido me escuchen -hablo
Achlys- luego pueden hacer conmigo lo que deseen, yo no soy capaz de seguir un
día más en el infierno que es mi vida.
-
¿Qué buscas? ¿morir de una forma
rápida o llevar información a tu señor? -preguntó Bastet aún sentada frente a
la fogata.
-
Busco ayuda para mi hermana Adara,
Demetrius ya sabe dónde se encuentra y va en su busca -respondió con pesar
Achlys- necesito liberarla de esta tortura a la que ha sido sometida desde
aquel tiempo en Atenas, no me importa lo que cueste, estoy dispuesta a todo, no
puedo seguir viéndola sufrir por mi traición y
falta de juicio.
-
Sabes que si ya la mordió no
podemos hacer nada, y si estás aquí no tienes idea de lo que ha sucedido en tu
ausencia -afirmó Bastet.
-
Quiero liberarla de Demetrius, sé
que las almas reencarnan, quiero que en su próxima reencarnación sea libre, y
tenga la oportunidad de ser feliz.
-
¿Apofis te enseño a usar el Khaunas? -preguntó Thot.
-
No, en mi nunca ha confiado,
intentó enseñarle a Demetrius, pero no logró comprender, solo Keket pudo
comprender sus enseñanzas, aún está aprendiendo a usarlo.
-
¿Sabes donde están Apofis y Keket?
- preguntó Kepri
-
En algún lugar de Egipto, los tres
se reunieron hace un año, pero bloquean mi acceso a sus pensamientos, yo
aprendí a bloquear su acceso a los míos desde la última vez que nos vimos
-respondió Achlys con algo de orgullo en su voz- es impresionante como no te
pareces en nada a tu última reencarnación Bastet, salvo que tu mirada sigue
siendo penetrante.
-
Eso no viene al caso, dime que
buscas -respondió Bastet haciendo una señal a sus amigos para que dejaran de
amenazar a la vampira con sus armas.
-
Ayuda para destruir a Demetrius -a
cambio moriré de la forma que a ustedes les plazca.
-
Me parece un buen trato -comentó Sekhmet-
tengo unas ideas extraordinarias para ese evento.
-
Dime
Achlys, ¿nos darás todas las señas para encontrar a Demetrius? -preguntó Thot.
-
Tengo
un mapa de la zona a la que se dirigía cuando me separé del grupo, y un plano
del castillo en que nos quedamos cuando venimos a estas tierras con todas las
indicaciones necesarias para entrar y salir, así como el lugar en que cada uno
de nosotros descansa durante el día.
-
¿Estás
dispuesta a esperar?, no hemos terminado de limpiar esta zona -dijo Bastet- lo
terminaremos en un par de días, luego iremos por Demetrius el viaje debe
demorar al menos dos semanas.
-
Esperaré,
ayudaré a mi hermana a escapar de la mejor forma posible, eso dará tiempo a que
lleguen.
-
Aquí
está señalado el lugar en que se encuentran cada uno de los sirvientes de
Demetrius -habló sorprendido Kepri al mirar el mapa y el plano- ¿Qué más
quieres por esta información además de la vida de tu amado?
-
Que
si aún estoy viva cuando lleguen, me maten.
-
Es
un trato -dijo Bastet- estrechando la fría mano de la vampira- Kepri dale tu espada,
se la enviaremos como mensaje.
Demetrius estaba abatido, no podía
comprender cómo era que Adara prefiriera la muerte antes de aceptar la
eternidad a su lado, había vuelto a escapar y lo más increíble era que lo había
hecho incluso cuando ya era una de ellos. Estos pensamientos lo volvieron
descuidado, se dedicó a cazar solo para distraerse, dejando cuerpos por todas
partes. Los ruegos de la dama Sancha y las otras para partir no fueron oídos,
una semana después que Adara escapara nuevamente y que Achlys pagara su
traición, él aún se encontraba rumiando la rabia que le provocaba que las
hermanitas volvieran a burlarse de él.
El sol acababa de salir, y el silencio
reinaba al interior del derruido castillo, la servidumbre que cuidaba del señor
y sus amantes, no eran enemigos para los sabios de Atenas murieron sin hacer
ruido, para Bastet era un abatimiento no encontrar entre estos sirvientes
ninguno al que poder salvar, estaban ahí como los perros guardianes del señor
esperando que les otorgaran el don oscuro, promesa que Demetrius nunca cumplía,
el pago que recibía su servidumbre era ser la gran cena previa a la partida de
cualquiera de sus madrigueras.
Siguieron el plano que les dio Achlys, era
realmente útil pudieron moverse por las estancias del castillo con rapidez,
buscaron el salón principal que de acuerdo a las instrucciones del mapa era una
habitación en que la luz del sol entraba desde el amanecer hasta el anochecer,
estaba perfectamente construida para aprovechar al máximo la luz de sol, era
bella, espaciosa y en una de sus paredes se encontraba clavada la espada de
Kepri, eso solo significaba que la mensajera había muerto, pero se había
marchado de la vida que eligió vivir en paz consigo misma, de acuerdo a lo que
habían escuchado de los padres actuales de Adara llamada por ellos Jimena y su
nueva hija Elvira, Jimena había logrado escapar del terrible monstruo con ayuda
de alguien que dijo ser su hermana en otra época.
Por lo tanto solo quedaban seis amantes que buscar,
el medio día resplandeciente no lograba invadir con sus luces el salón
principal debido a las gruesas cortinas que cubrían los ventanales, todo estaba
instalado, Demetrius en el centro atado por cadenas a brazos y piernas abiertos
a cuatro de las columnas en que estaban atadas cada una de sus amantes con
gruesas cadenas de hierro a cada una de las columna que sostenían el techo del
lugar, bajo él, a la altura del corazón por su espalda estaba fijada en el piso
la espada con la cuál Achlys le había atacado, alrededor de cada uno de ellos
había apilada leña y antorchas encendidas listas para ser arrojadas.
Ese era el gran problema de los hijos del
don oscuro, durante el día no eran capaces de reaccionar a nada, por eso
requerían de madrigueras seguras llenas de escondrijos en la profundidad de los
subterráneos y custodios leales, muy efectivos cuando se enfrentaban a
cazadores de vampiros comunes, pero nada eficientes cuando eran los sabios de
Atenas, de ellos había que huir, y esta vez no lo habían hecho.
-
Veo que recibiste nuestro mensaje
-dijo Kepri al ver despertar a Demetrius tras correr las cortina dejando que el
sol de la tarde ingresara al salón- comienzas a humear, ese es el gran problema
de los vrykolakas9 viejos no arden de inmediato, lo hacen
lentamente, no te recomiendo moverte, te clavarias mi espada en el corazón, es
hermosa ¿cierto? y nos indica que Achlys te dio nuestro mensaje.
-
¿Qué ocurre?- pregunto Demetrius aún
aturdido, no era capaz de mover su cuerpo, ni sentir algo más que un pequeño
dolor en su cuerpo que iba creciendo poco a poco, la luz del sol lo cegaba.
-
Nada, solo queremos hacerte
algunas preguntas- respondió Thot- de tus respuestas dependerá si tu muerte es lenta o rápida.
-
Sólo deseamos saber dónde está
Apofis - dijo Sekhmet- una ubicación
exacta, tú sabes, mapa del lugar, con una marca exacta de donde se esconde tu
"padre".
-
Jamás
traicionaré a mi padre, él me vengará si ustedes se atreven a dañarme, ¡la
muerte es solo el principio!
-
Demetrius,
a esta altura de tú "no vida" ya deberías saber que el nacimiento y
la muerte no son principio ni el final de nada solo parte del ciclo, y además no
seas mentiroso, has traicionado a tantas personas, tu padre verdadero fue el
primero, lo hiciste antes de ser un
miserable vampiro, cuando compraste a todos para que no se respetara el
contrato realizado, despreciaste a Achlys, te quisiste quedar con Adara y
obligaste a todos a hacer tu voluntad corrompiéndolos con tú oro -habló Bastet
fastidiada.
-
Pagarás
por esto, cuando me libere -dijo con ira Demetrius contorsionándose debido al
dolor que le provocaba el sol de la tarde y la espada en su espalda, en tanto
intentaba romper sus cadenas, finalmente lograba ver a su alrededor, sus
mujeres estaban atadas a las columnas que lo rodeaban, pero no se movían sus
cabezas estaban en el piso y sus corazones estaban atravesados por estacas de
plata- ¿Qué han hecho cobardes? –gritó con furia- mi señor los hará pagar por
esto.
-
Eso significa que no nos entregarás
la información que te pedimos - afirmó Thot.
-
Cuando me suelte lamentaran esta
afrenta.
-
Kepri, haz lo tuyo -dijo Bastet lanzándole
su espada.
La espada en manos de Kepri se movió a tal
velocidad y con tal fuerza que la cabeza de Demtrius voló por los aires, dando
fin a su esperanza de tener más suerte con Adara la próxima vez.
El fuego abrazaba un enorme y abandonado
castillo alumbrando la noche eterna, mientras cuatro jinetes se alejaban en
dirección sureste.
-
Con el contacto mental que tiene
Apofis con sus dos favoritos debe estar al tanto de lo que acaba de ocurrir
-dijo Sekhmet.
-
Eso
espero, y lo que más espero es que tal como Demetrius confiaba, Apofis venga
por nosotros para vengarse -respondió Bastet.
-
Conociendo a Apofis lo dudo, y
nuestro viaje será largo de aquí a Tebas -respondió Kepri.
-
Yo también lo dudo, pero al menos
esto lo obligará a replegarse y disminuir sus ataques, serán menos los
inocentes afectados -razonó Thot.
El camino, como había previsto Kepri, sería
largo, mucho más de lo que lograban imaginar, el período reiniciaría una y otra
vez antes que lograran cumplir su misión y desatar las amarras que unían sus
almas en cada ciclo.
1. Thiasas: eran
"asociaciones" femeninas, en que las niñas espartanas recibían
una educación parecida a la que recibían los varones, entrenándose en gimnasia,
música y deportes; se las alimentaba bien para que tuvieran buena salud y se
las preparaba para ocupar un lugar central en la sociedad lacedemonia: el de
madres de los espartiatas. La mujer
espartana disfrutaba de una relativa libertad y automonía, que les permitía
ocuparse de actividades comerciales o literarias, entre otras posibilidades. Se
casaban alrededor de los 24 o 25 años, edad avanzada si tenemos en cuenta los
parámetros de otras sociedades de la antigüedad clásica.
2. Una de las formas de gobierno en la
Antigua Grecia fue la Oligarquía, practicada en Esparta (800-600 a.C.),
conformado por una élite de guerreros, por lo que el ejército tenía gran poder.
Las principales instituciones del gobierno espartano fueron la Asamblea
(Apella), el Consejo de Ancianos (gerontes, 28 miembros), vitalicio,
elegidos entre los ciudadanos de más de 60 años, y cinco magistrados elegidos
anualmente (éforos), elegidos por la Asamblea y encargados de vigilar a los
ciudadanos y a los reyes.
3. Ágora: es un término por el que se
designaba en la Antigua Grecia a la plaza de las ciudades-estado griegas
(polis).
Era un espacio abierto, centro del comercio
(mercado), de la cultura y la política, de la vida social de los griegos. Estaba
normalmente rodeada por los edificios privados y públicos más importantes, como
las stoas (pórticos columnados), pritaneos (oficinas administrativas),
Bouleterión (edificio para las reuniones de la boulé) y balaneia (baños).
4. Hédna: serie de regalos acordados entre el padre de la muchacha y el
futuro esposo, frecuentemente el padre del futuro esposo. El matrimonio en la
antigua Grecia, por ejemplo Atenas, se entiende como una unión donde no hay
lugar para la elección ni para el amor por parte de los futuros marido y mujer,
y se enmarca dentro de todos los aspectos puramente económicos y gentilicios
que desarrollan las diversas familias en el sistema de don y contra-don. Sin
embargo, en Esparta el matrimonio adoptaba la forma de captura o rapto. La muchacha espartana tenía por costumbre elegir
pareja de acuerdo con sus preferencias,
no con las paternas, cuando conocía a un joven de su agrado consentía que éste
se la llevase consigo. A partir de ese momento, se iniciaba un idilio en el que
se los dejaba solos para que intimasen.
A la raptada novia la recibía la denominada nympheútria, quien rapaba a aquella
la cabeza al cero y la disfrazaba con ropas y calzado masculinos. Posteriormente
se la encerraba en una estancia a oscuras donde, sobre un lecho de paja, debía
esperar al novio. Este venía a hurtadillas de la comida en común, aflojaba el
cinturón a la amada, yacía con ella y regresaba raudo al cuartel para dormir
con los jóvenes de su compañía. Y estos encuentros furtivos de los cónyuges duraban
no poco tiempo, de modo que a algunos hombres «les llegaban a nacer hijos antes
de contemplar a la luz del día a sus propias esposas». Plutarco estima que se obraba de esa manera como
ejercicio de continencia y temperancia, a fin de que no decayera el interés
carnal entre marido y mujer.
http://perso.wanadoo.es/cespejo/mujer.htm
5. Gamelión: mes de enero
6. Praílía: primer
día del ritual empezaba realizando un sacrificio a Afrodita, en el que
normalmente la novia ofrecía algunos mechones de su cabello o su cinturón, o
ambas cosas, en el altar, simbolizando la marcha de la juventud, el cinturón,
la resignación de la virginidad. Este sacrificio estaba precedido o seguido,
por el baño de la novia en un río sagrado, fuente, o en su casa, un muchacho de
la vecindad realizaba un simulacro de violación que simbolizaba la purificación
de la novia de su primera menstruación con el deseo a la vez de hacerla fértil.
El novio, por su parte, se cortaba el cabello y hacía también sacrificios a los
dioses del matrimonio o ta protéleía.
7. Gámoi: Es el
segundo día se realizaba el banquete de bodas. Este generalmente tenía lugar en
la casa del padre de la novia. Allí se reunía el novio con todos sus amigos y
la novia con sus compañeras se sentaban en una mesa aparte, lo cual es
indicativo de la integración del novio en el círculo de sus nuevos parientes,
pero aún no en el de su novia.
8. Anakaliptéria: ceremonia
en que el novio quitaba el velo a la novia después de la comida; iba acompañada
de los regalos del novio, llamados a su vez anakalitéria. La comida terminaba
con otras libaciones y sacrificios.
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